Recuerdo el día
en que te conocí.
Grité al verte,
te abracé,
y seguí cenando.
Yo iba vestida
con una falda de tul,
y tú
la rompiste.
Aún conservo
esa falda de tul,
aunque ya no quede tul,
y ahora
creo
que nunca
podré deshacerme de ella,
porque es la que llevaba el día
que nos conocimos.
Después
me mordiste la nariz,
y cuando desparecí,
llamaste a mi puerta.
Yo siempre te abría la puerta,
todas las veces que llamaste
a mi puerta
yo abrí.
Nunca supe
decirte
que no.
Recuerdo
el día en que tuve la sensación
de que había pasado algunos años
sin ser
completamente consciente
de que existías,
de que estabas ahí, a mí lado.
Quizás
es porque tardé años
en aprender
cómo te gustaba
que te acariciaran.
Puedo contar con los dedos de las manos
las veces que me besaste.
Tú no eras de esos,
de esos
que van besando a la gente
indiscriminadamente.
Tú preferías,
que te quisieran.
Y yo
te quería,
aunque no siempre me demostrases
que te alegrabas de verme
cuando llegaba a casa,
aunque tú pusieses las normas
y tuviese que cumplirlas
por tus cojones.
Yo te quería así,
te quiero,
tal como eras.
Podía haber pasado
la vida entera,
o gran parte de ella,
sólo mirándote,
oliéndote,
abrazándote,
besándote.
Yo sí te besaba,
en la cabeza,
en el abdomen y en la boca.
Tú,
a veces,
me girabas la cara,
pero no me importaba,
yo
seguía besándote.
Y hablaba contigo,
y tú
probablemente
no entendiste ni una puta sola vez
lo que te dije,
de hecho,
no me contestaste
jamás,
pero yo igual te hablaba.
Te hablaba
como hablan
los idiotas,
los que están enamorados.
Recuerdo cómo pasabas horas mirando por la ventana, y cómo me gustaba que lo hicieras. Recuerdo cómo te quejabas por todo, por el ladrido de las perras de la vecina, porque yo saliera de mi habitación e hiciera ruido al abrir la puerta, porque no te gustaba la comida, porque el cartero tocara al timbre, porque cuando paseábamos no fuéramos por el camino que tú querías, y recuerdo, que aunque a veces te gritaba y me jodía tu actitud, todo eso me encantaba, porque es lo que te hacía especial.
Y ahora parece que te mueres. Eso se rumorea, que te mueres. Que te vas a morir y me vas a dejar sola, y te mataría por ello. Y me siento culpable, culpable por saber que eres insustituible, pero que yo ya estoy pensando en que alguien tiene que ocupar tu lugar. Y miro por la calle, y busco, y veo potenciales candidatos, pero como tú, joder, como tú no hay dos, y no quiero que te mueras, quiero que estés siempre conmigo. Por favor, quédate conmigo, y nos tiraremos en la cama, y jugaremos, como hacíamos antes, y te dejaré que me muerdas y me arañes.
No me dejes sola, no lo hagas, porque si lo haces seguiré escuchando tus pasos por el pasillo aunque no estés, y la gente dirá que estoy loca. Y llegar a casa no tendrá ni puta gracia porque tú no estarás, y no podré volver a reírme del nombre tan horrible y ridículo que tienes, y tendré que seguir hablando de ti en pasado. Y cada vez que me ría, cada vez que me ría estaré llorando por dentro porque pensaré que alguna vez estuviste y ya no estás.
Joder, al final te has muerto, y ahora no estás conmigo, estás en un congelador, esperando a que te quemen, y jamás, jamás, volveré a verte, ni a olerte, y llegar a casa es tan horrible como imaginaba, porque ya no estás, y cenar es tan horrible como imaginaba, porque no estás, y respirar es tan jodidamente horrible como imaginaba, porque no estás, y porque sé que no volverás.
Te amo, Taffy, te amo más de lo que podía imaginar que te amaba. Ojalá exista el cielo de los perros y tú seas la jefa de la manada, porque no puedo imaginarte de otro modo que no sea con el universo a tus pies. Te amo, Taffy, te amo.
Dicen que Dios es la suma bondad, el sumo amor... y una mierda... esa eras tú.

1 comentario:
Siempre pense ke era eterna....Adios Taffy. (el puto ivan)
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