No miro ni hago nada. Sólo estoy. Inerte. No me lo puedo creer. Y me río, porque no me lo puedo creer. Qué columpiazo. Me tiré por el tobogán antes de que dieran la señal, y gané, pero me dio vergüenza. Tú ya no te acuerdas de eso. Ahora escribo y no entendéis de lo que estoy hablando. Como cuando era joven. Un día, siendo joven, empecé a escribir para que se entendiera, y todo empezó a ser más bonito.
Un día, con catorce, quince o dieciséis años, empecé a escribir en una libreta, y años después la encontré. No quería leerla, me daba vergüenza, y la tengo encima del escritorio desde entonces, esperando a que llegara el día en que quisiera leerla. Pues bien, el día ha llegado, porque el día de volver a escribir, también ha llegado. Y no siento pena, sólo estoy flipando.
“Soy la onanista de espinas de rosas que sangran. La mano me marcan, la lengua me abrasan. Las llagas no se curan, se quedan grabadas. Voy a morder la espina, que ahora es roja. Voy a morderla para envenenarme, para no despertarme. Siempre seguiré callada.”
Yo escribía bazofia como esa. Bazofia que sería incapaz de leer de la mano de otra persona. Escribía mierdas trágicas sobre un chico de mi instituto del que estaba muy enamorada, pero mucho. De hecho estuve pensando mucho tiempo que nadie podría sustituirle, hasta que un día, alguien le sustituyó. Y de ese chico, del que estuve tanto tiempo enamorada, sólo me queda un recuerdo raro, y un profundo respeto, porque al fin y al cabo, es mejor que un buen chaval. Lo que quiero decir, es que ya no le quiero. Le quería muchísimo, le quería rozando la locura, estaba muy obsesionada con él, pero ahora, miro atrás, y no soy capaz de pensar algo sobre él que me encoja el estómago.
Soy bastante trágica. Mi vida es un drama. No sé si es porque realmente es un drama, o porque yo la hago un drama. La cuestión es que es un drama, un drama que da risa. Es una tragicomedia.
Hace una hora me he tomado un café. No debería haberlo hecho. La cafeína nunca me había hecho efecto. Podía beberme un red bull e irme a dormir. Nunca me hizo efecto, hasta que un día, al parecer, me empezó a hacer efecto. Un día de mi vida, no recuerdo cuándo fue, al parecer, las cosas empezaron a cambiar. Y lo que era, dejó de ser, y lo que no era, empezó a ser. Fue un cambio lento. No sé cómo no pude darme cuenta de que las cosas estaban cambiando. Quizás sí me di cuenta, pero no me importó. Ahora sí me importa. Pero en fin, siempre es tarde cuando se llora.
Hace muchas noches que me acuesto a dormir y pienso “ojalá ya fuera de día y no tuviera que dormir”. Lo pienso casi todas las noches, desde hace bastante tiempo. Eso es algo que no sabía nadie, ahora lo sabéis todos. No quiero acostarme, porque pienso, y prefiero no pensar. Pienso todo el día. Cuando veo películas o leo libros, después me cuesta mucho recordar el argumento, porque mientras las veo o leo, estoy pensando. No pienso en nada en concreto, pienso en todo en general, que es peor. Cuando piensas en algo en concreto, llega un momento en el que ya no puedes pensar más sobre el tema, porque o bien ya lo has pensado todo, o bien no se te ocurre nada más que pensar. Cuando piensas en muchas cosas, como yo, es horrible.
En mi casa hay un bote con cigarros. El otro día cogí un par, y vi que en el bote había uno que tenía el filtro defectuoso, y pensé “ese es el del cáncer”. Unos días después, cogí un par de cigarros a oscuras, y uno de ellos era el del filtro defectuoso. Pues bien, tengo ese cigarro desde hace tres días encima del escritorio, y no me lo fumo, “por si es el del cáncer”. Es ridículo. Yo no soy supersticiosa, aunque sí maniática, ni creo en el horóscopo por mucho que ahora haya salido un nuevo signo del zodíaco to’ guapo que se llama Ofiuco. Me encantaría ser Ofiuco. ¿Qué signo eres? Ofiuco. Es genial. El cigarro del cáncer me está mirando, creo que debería tirarlo.
Total, que bien. He dicho que soy maniática, pero la mayoría de vosotros, pobres mortales, no sabéis en realidad lo que es una manía. Yo me refiero a que soy maniática en el sentido en el que todos nos referimos a los maniáticos, pero la manía, queridos estúpidos, es una fase por la que pasa la gente bipolar. Os lo explico:
- Fases del trastorno bipolar:
1) Manía: el individuo tiene un pensamiento ideofugaz (le vienen mil ideas a la cabeza, piensa rapidísimo en muchas cosas distintas). Está exaltado a todas horas, como si se hubiera comido mil pastillas, a penas duerme, de hecho hay algunos que ni siquiera duermen. Tiene una autoestima muy alta, se ama. Tiene también mayor impulso sexual, y verborrea (habla como un descosido), entre otras cosas.
Digamos, que es como uno de esos días, en que os levantáis, os miráis al espejo, os moláis, y lo dais todo. Pero ahora extrapolarlo hasta el infinito y multiplicarlo por mil millones de veces. Creo que por mucho que lo intentéis no seríais capaces de imaginar realmente lo que es una fase de manía de un trastorno bipolar.
2) Depresión: Bueno, todos sabéis lo que es una depresión, la complejidad en el caso del trastorno bipolar viene dada porque, al salir de una fase de manía, el individuo tiene un alto nivel de tendencias suicidas.
El trastorno bipolar suele tratarse con litio.
Ahora que ya me las he dado de lista y he insultado a vuestra inteligencia, voy a pensar algo más sobre lo que poder escribir.
Los que hayáis leído hasta aquí tenéis bastante mérito, yo no me hubiera leído un texto tan largo con una letra tan pequeña. Aunque creo que hace tanto que dejé de escribir que esto ya no lo lee nadie. Así que puedo decir alegremente sin que nadie se ofenda SOIS TODOS UNOS HIJOS DE
A pesar de que esto ya no lo lee nadie, iba a escribir una cosa sobre mí, y no la he escrito por si acaso lo lee alguien. No sé si comerme una tabletita de diacepanes o qué. Ojalá fuera ya el día siguiente y no tuviera que dormir. Dormir debajo de la mesa fuera cómodo. Ojalá pudiera dormir en un iglú, o debajo de las sábanas sin que me rebotara la respiración. Quiero meterme en un sitio que tenga el techo bajo, para sentirme resguardada, como hacen los perros cuando tienen miedo. Ojalá estuviera a dos mil millones de jodidas millas de aquí.
Este fin de semana me lo voy a beber todo. Y cuando llegué a casa arrastrándome por el suelo lloraré por no tener ganas de llorar. Vomitaré en el ascensor, otra vez. SÍ, VECINOS, FUI YO QUIEN VOMITÓ EN EL ASCENSOR. Y al día siguiente será todo tan horrible. No veo el momento de que llegue.
Yo me apunté a kárate, fui a dos o tres clases, y no sé nada de kárate. También a dibujo y pintura (tres veces me apunté, en tres sitios distintos), pero no sé pintar, ni siquiera acabé un solo cuadro. A gimnasia rítmica. He sido fallera. He hecho teatro. También informática, pero de informática sólo sé desadmitir en el Messenger. A clases de guitarra (dos clases). A clases de física y matemáticas (dos clases, puede que tres). Me apunté de voluntaria en una ONG (sólo fui una vez). Un día aprendí francés, pero ya se me ha olvidado. Quedé con mis ex compañeros de trabajo, y no fui. Les dije a mis amigos que iría a verlos a Tenerife, y no he ido. Organicé un viaje a Moscú, y no creo que lo haga. El traumatólogo, cuando era pequeña, me dijo que para curarme los pies planos tenía que caminar por la arena de la playa, andar de puntillas por el pasillo, y coger rotuladores con los dedos de los pies. Obviamente, no lo hice, y sigo teniendo los pies planos. Hubo un tiempo en que pensé que era buena idea ponerme crema antiarrugas dos veces, una por la mañana, y otra por la noche, lo hice durante cuatro días. Decidí reducir mi consumo de tabaco, aguanté cinco días. A penas iba a catequesis. Ni a clase en bachillerato.
Recuerdo que con 13 años, a mis amigas y a mí nos pareció una buena idea apadrinar a un niño. Noelia no estaba de acuerdo, porque pensaba que nos iban a mandar al niño en una caja y que deberíamos tenerlo una semana cada una en su casa. Cuando le explicamos que no consistía en eso, también le pareció buena idea apadrinarlo. Ojalá no le hubiera parecido buena idea.
Llamamos a
No sé qué pasó, quiero pensar que hubo un fallo de logística, pero sólo pagamos la cuota unos tres meses. Quiero pensar que hubo un fallo de logística, pero lo que probablemente pasó es que nos dio pereza juntar el dinero cada mes e ingresarlo en el banco. Quiero pensar que hubo un fallo de logística, y aunque recuerdo que al menos éramos cinco apadrinando, por dentro siempre he pensado que la responsable fui yo. Supongo que porque la idea era mía.
Tiempo después
Iba a contaros otra historia de mi infancia, pero como tengo que hablar mal de la familia de compañeros del colegio, he preferido no hacerlo. Y vosotros diréis “pues si no lo vas a contar, para qué dices nada? Ahora nos dejas con la mierda en la boca”. Os jodéis, total, ya nadie lee esto. Y vosotros diréis “y si ya nadie lo lee, por qué no nos cuentas la historia?” Pues por si acaso.
No sé qué más contaros. Puedo cantar si queréis. Vasos rotos, ceniza, consumir, sofá polvo, nosequé moscas, otro día gris, no sé que pinto aquí… Nada, no me gusta la idea.
Quizás debería dejar de escribir, porque si sigo haciéndolo mañana no tendré nada que decir. Ojalá no tuviera que dormir y ya fuera mañana.

1 comentario:
Si hay gente ke lo lee... Por cierto, yo soy Ofiueko, jodete ke ahora molo mas ke tú- (el puto ivan de los huevos)
Publicar un comentario