domingo, 4 de julio de 2010

Segundas partes siempre fueron.



Y si no me sale en prosa, tendré que hacerlo en verso…




Porque ya no imagino,

o porque lo único que imagino está prohibido,

y tengo cosas que esconder,

por eso ya no escribo.

Y ya no expreso sentimientos, de angustia y descontento

porque sólo me queda un espejo y dos cicatrices,

y heridas abiertas? De esas, quizás, tengo miles,

pero nunca hay suficientes.

Quiero palizas, y cosas horribles,

quiero rencores, y música alta, muy alta.

Quiero que te vayas con otra,

y quiero

que me duela tanto

que ya no pueda

respirar.

Quiero llegar borracha a casa

cuando aún no está claro si es de noche o de día

y quiero ponerme a llorar y a gritar en silencio

quiero babear sobre las sábanas

de pura angustia y dolor.

Y quiero volver a moverme por inercia

y quemar cosas, sobre todo quiero quemar cosas.

Que me duela la cabeza, y se me hinchen los ojos,

y meterme la mano en la boca y tirar del esófago

poco… a… poco.

Quiero pasarlo mal. Tan mal como cuando no estabas,

pero ahora estás, y todo está bien, y por eso es horrible.

Y quiero que cambien las cosas y me dejes,

y quiero que sigas siendo como eres,

porque si cambias,

ya no podré quererte.

Porque en realidad, tú eres lo que yo quería,

pero eres tan como yo quería, que todo es perfecto y por eso es horrible.

Y sobre todo lo que no quería,

lo que yo no quería era hablar de ti, ni de nosotros,

yo sólo quería hablar de mí,

pero supongo

que ya somos uno

y eso hace

que quiera llorar,

pero no llorar como quiero llorar,

sino llorar de la forma en que lloran los tristes,

y yo, si siempre he sido algo, ha sido capitán.

Y ahora vendrás con tu perfección

a decirme cosas perfectas,

que si quiero libertad que la tome,

que si tengo anhelos que los haga realidad,

y todas esas cosas que una persona normal sólo diría

si en realidad tuviera un fondo cabrón

o fuera hippy,

pero tú eres cabal, bueno y coherente,

y hago tanto lo que quiero, y me dejas tanto hacer

que en lugar de caminar sobre mis propios pasos

siento que tengo la obligación de atarme a tu cintura

y de estar a tu altura,

y en realidad no lo estoy.

Y seguirás diciendo cosas perfectas...

las oigo en mi cabeza, tus frases perfectas.

Y me sobrepasan tantas atenciones y las buenas intenciones,

eres tan grande y te quiero tanto que ya no puedo ni quererte,

pero si cambias, y te amoldas,

siendo perfecto como eres,

a la nueva perfección que se me ocurra,

me iré porque ya no serás tú.

Y si sigues siendo como eres,

me seguiré quejando.

Y supongo que eso esto es el resumen de lo que soy yo,

y de lo que puedo darte,

y lo peor de todo es que soy y te doy lo que tú quieres.

¿O no?

Probablemente

no estés

entendiendo

una puta mierda

y creas que sí

que lo entiendes todo.

Y no me preguntes por esto,

porque si me preguntas, no sabré explicarte,

y no quiero explicarte,

pero si no me preguntas

pensaré que no lo has leído

y quizás yo acabe preguntándote si lo has hecho

en un ataque de ansia

o de locura

o de cosas transitorias de esas que me entra

y que sólo tú sabes llevar con elegancia.

Pero tú no hagas nada

no hagas nada

porque ya haces

todo

o casi todo.


Tranquilo mi amor, todo está bien.



Y no era esto lo que yo os quería contar...

1 comentario:

Anónimo dijo...

No diré nada, pero sabrás que lo he leído.