Arderán todos los pliegues de tu ropa, donde guardo las escamas que se desprenden de mis úlceras, y haciendo un agujero en el suelo, enterraremos las cenizas de tu narcisismo.
No sucumbiremos ante mentiras y falacias, quizás, si me apuras, me haré algún esguince de tobillo, pero el día en que llueva lava incandescente te esperaré para un cara a cara, bajo la nube más grande, y sin paraguas.
Que abdiquen tus formas histriónicas, que sin balas te he arrancado la corona, y ahora la sumerjo en salfumán para que tus ideas no invadan mi cabeza. Tira de capote y espada, y cruza los dedos para que al calentarme no corra directa hacia tu ombligo y en tres frases te desinfle.
No hay invento en tu memoria que pueda hacer que ganes la guerra contra la persona en la que me has obligado a convertirme. Ahora, si la ansiedad te lo permite, llora.
lunes, 23 de junio de 2008
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