Cada nota de la escala musical se convierte en un paso más en el camino que lleva hacia el nudo en la garganta, hacia la agonía, hacia el agobio envolviendo las mejillas. La nostalgia y la melancolía vuelven a significar algo, a recuperar la intensidad con la que se vive el mundo a los dieciséis años.
Y en medio de todo ese exabrupto, de esa maraña de desquicios, consigues sentirte un poco mejor pensando que llegará el momento en el que no tendremos que echar nada de menos, en el que volveremos a ser nosotros mismos. Y al andar el aire nos dará en la cara, y despeinarse no tendrá la más mínima importancia, sólo querremos experimentar todos los movimientos posibles de nuestra cintura, y articular los brazos en gestos epilépticos.
Y también encontraremos absurdos ataques de valentía motivados por el rencor, a los que nos agarraremos como si fuesen la única posibilidad de seguir respirando. Rabia reconcentrada, que al mezclarla con alcohol será el perfume personal de cada uno.
Podemos ponernos modositos, reblandecernos y flaquear. Suplicar con disimulo, e intentar que no se note que estamos empezando a doblar las rodillas y que pronto acabaremos en el suelo. Tendremos miedo en algún momento, un miedo atroz e incalculable, uno de esos miedos que no somos capaces de comentar porque preferimos pensar que si no lo contamos por ahí, realmente no nos estará pasando. Nos dejaremos caer hacia atrás, cruzando los dedos para que nuestra espalda dé con un lecho de hierba más o menos seco y mullido, y se nos escapará una de esas grandes verdades que somos incapaces de guardar, pero que esperamos con franqueza que nadie recuerde tiempo después. Puede que al momento, en una enajenación mental transitoria, nos incorporemos de un salto y salgamos corriendo.
Seremos también cabezones y chulos, e iremos a por nuestro objetivo con la técnica del “sí o sí”. Pero hacer las cosas por las malas no generará, en principio, sentimiento de culpa, porque no habrá nada más importante que saciar esa necesidad vital subjetiva y, probablemente, ilógica.Nos entrará la paranoia, y nos volveremos positivos y lúdicos sin perder la dureza que otorgan las patadas en la boca del estómago que nos han ido curtiendo. Pero aún así, sobrevolaremos todo lo humano y lo divino, y juraremos reponernos. Y una vez allí, en el cielo, con las nubes como suelo, analizaremos toda la gama de colores y nos precipitaremos otra vez hacia el mundo terrenal al poner de nuevo la primera canción, dándonos una tremenda hostia contra algo sin sentido, ridículo, y antinatural, como podría serlo la cruz del Valle de los Caídos. Lo importante es no perder nunca la espectacularidad.
sábado, 26 de abril de 2008
jueves, 24 de abril de 2008
Inventario (1ª parte)
Las doce crisis de final a una semana de empezar,
el desplazamiento de los monstruos gigantescos,
la política incorrecta disfrazada de moral,
mis dudas, tu paciencia, y ya veremos.
Tu sudor asfixiando los somieres,
la almohadilla protectora de tus labios,
mi herida de guerra articular,
y el tacto de los callos de tus manos.
Abrir la puerta de mi casa y encontrarte,
los besos que en mi frente vas dejando
el miedo atroz que tengo de fallarte,
y la sonrisa nueva que me calzo.
Tu diente mágico que se va de fiesta,
el color indefinido de tus ojos,
cámbiate ya el puto piercing de la ceja,
y deja que mi pituitaria sea tomada por tu olor.
El viento en contra o a favor según el día,
mi inestabilidad emocional y tu sosiego,
el pavor a que la historia se repita,
a que uno de los dos salga corriendo.
La presión en mis pulmones cuando estás encima,
dormir contigo, o poder imaginarlo,
limpiar tus cicatrices con saliva,
y pedirte que te quedes a mi lado.
(...)
el desplazamiento de los monstruos gigantescos,
la política incorrecta disfrazada de moral,
mis dudas, tu paciencia, y ya veremos.
Tu sudor asfixiando los somieres,
la almohadilla protectora de tus labios,
mi herida de guerra articular,
y el tacto de los callos de tus manos.
Abrir la puerta de mi casa y encontrarte,
los besos que en mi frente vas dejando
el miedo atroz que tengo de fallarte,
y la sonrisa nueva que me calzo.
Tu diente mágico que se va de fiesta,
el color indefinido de tus ojos,
cámbiate ya el puto piercing de la ceja,
y deja que mi pituitaria sea tomada por tu olor.
El viento en contra o a favor según el día,
mi inestabilidad emocional y tu sosiego,
el pavor a que la historia se repita,
a que uno de los dos salga corriendo.
La presión en mis pulmones cuando estás encima,
dormir contigo, o poder imaginarlo,
limpiar tus cicatrices con saliva,
y pedirte que te quedes a mi lado.
(...)
jueves, 17 de abril de 2008
El amor es un deporte... muy raro.I.
Y ahora cambio de tercio, de persona, y de piel. Cambio la ropa, andares, y hasta mi club social. Se hace extraño volar sobre el suelo, en lugar de lamerlo y suplicar. Levantarse altiva y altanera, vestida de vela mayor del barco, con el mundo en una mano, y tu pelo entre los dedos de la otra.
Activada, adrenalínica, sonriendo más de lo normal o, simplemente, sonriendo, que ya es bastante. Y tengo miedo, tengo miedo de quererte, de dejarme llevar, de resultarte insuficiente, de esconderme o ser valiente, de las doce de la noche cuando converjan situaciones y yo sea Cenicienta.
No me salen las palabras, yo estoy bien. Pégame dos hostias para que pueda seguir escribiendo, haz de mi vida un puto drama, y si te aburres de mí, que sea ahora, o cose tu pecho a la piel de mi espalda. Si ahora, en estos instantes, durante estos segundos, no soy la mejor, pégame ya la patada, porque no quiero tener nada en absoluto que ver con todo lo que pueda venir después de que te des cuenta de que yo no era lo que tú pensabas.
Activada, adrenalínica, sonriendo más de lo normal o, simplemente, sonriendo, que ya es bastante. Y tengo miedo, tengo miedo de quererte, de dejarme llevar, de resultarte insuficiente, de esconderme o ser valiente, de las doce de la noche cuando converjan situaciones y yo sea Cenicienta.
No me salen las palabras, yo estoy bien. Pégame dos hostias para que pueda seguir escribiendo, haz de mi vida un puto drama, y si te aburres de mí, que sea ahora, o cose tu pecho a la piel de mi espalda. Si ahora, en estos instantes, durante estos segundos, no soy la mejor, pégame ya la patada, porque no quiero tener nada en absoluto que ver con todo lo que pueda venir después de que te des cuenta de que yo no era lo que tú pensabas.
lunes, 7 de abril de 2008
Poema de amor nº 12
Para expandir mi creatividad te espío por la ventana
e intento parecerte más guapa colocándome en el ángulo exacto
para que se me refleje en los ojos la luna,
pero eso es demasiado moñas.
Así que me peino, me hidrato, me pinto,
te guardo mis bragas en el bolsillo
y sólo alcanzo a ser una bruja disfrazada
en un intento desesperado por parecerte una musa.
Y de repente retumba mi coco,
cojo el teléfono como asustada,
es mi dignidad gritando
que ya es hora de lavarse la cara.
Y me quito la ropa, pololos y enaguas,
me limpio los labios y mancho de sangre mis mejillas,
estoy preparada para tu guerra.
Para saber lo que es sufrir me paso un hilo de oreja a oreja
y me ato al tendido de la luz colgando por la cabeza
se me cayó un zapato, ¿puedo ser tu Cenicienta?
No te creas que tengo muy claro
si a día de hoy aún me interesa.
Empiezas a sentir que estás muy lejos de estar a mi altura
y quizás sea verdad, pero eso no importa,
intentas disimular, pero igual se nota
que te matan las ganas por pillarme en la cama.
Y así pasa el tiempo,
tú a saber dónde, y yo aquí en mi casa,
en lugar de estar juntos retozando como perros
dejando sin existencias todas las farmacias.
Eres gilipollas.
e intento parecerte más guapa colocándome en el ángulo exacto
para que se me refleje en los ojos la luna,
pero eso es demasiado moñas.
Así que me peino, me hidrato, me pinto,
te guardo mis bragas en el bolsillo
y sólo alcanzo a ser una bruja disfrazada
en un intento desesperado por parecerte una musa.
Y de repente retumba mi coco,
cojo el teléfono como asustada,
es mi dignidad gritando
que ya es hora de lavarse la cara.
Y me quito la ropa, pololos y enaguas,
me limpio los labios y mancho de sangre mis mejillas,
estoy preparada para tu guerra.
Para saber lo que es sufrir me paso un hilo de oreja a oreja
y me ato al tendido de la luz colgando por la cabeza
se me cayó un zapato, ¿puedo ser tu Cenicienta?
No te creas que tengo muy claro
si a día de hoy aún me interesa.
Empiezas a sentir que estás muy lejos de estar a mi altura
y quizás sea verdad, pero eso no importa,
intentas disimular, pero igual se nota
que te matan las ganas por pillarme en la cama.
Y así pasa el tiempo,
tú a saber dónde, y yo aquí en mi casa,
en lugar de estar juntos retozando como perros
dejando sin existencias todas las farmacias.
Eres gilipollas.
sábado, 5 de abril de 2008
Nota inútil para intentar conseguir que te sientas mejor.
Amanece y se rompe tu mundo. Ahora te duele respirar y sólo quieres ingerir veneno. Dar marcha atrás y vivir en aquellos días que se te antojaban felices, o que el tiempo pase rápido y puedas situarte en el momento exacto en el que sientas que por fin lo has superado. Pero no, no quieres estar así, no puedes estar como estás ahora, y sólo recorres lánguidamente tu camino, haciendo un increible esfuerzo cada vez que das un paso, oyendo cómo se derrumban los edificios que vas dejando atrás.
Intentas ir hacia adelante, incluso a veces te pones a correr, y si tienes suerte sonríes, pero toda la saliva que envuelve tus dientes tiene un sabor agridulce, y cada momento bueno lleva intrínseco una arcada.
Y da igual lo que te digan, da igual que intenten ayudarte, nadie excepto tú sabe por lo que estás pasando. Cada segundo es una puta agonía.
Eres fuerte, eres tan fuerte que me tiemblan las piernas cuando pienso en la entereza con la que estás viviendo esta estapa de tu vida. Lo estás haciendo bien, lo estás haciendo de puta madre, y te admiro profundamente porque yo no sería capaz ni siquiera de tragar saliva.
Intentas ir hacia adelante, incluso a veces te pones a correr, y si tienes suerte sonríes, pero toda la saliva que envuelve tus dientes tiene un sabor agridulce, y cada momento bueno lleva intrínseco una arcada.
Y da igual lo que te digan, da igual que intenten ayudarte, nadie excepto tú sabe por lo que estás pasando. Cada segundo es una puta agonía.
Eres fuerte, eres tan fuerte que me tiemblan las piernas cuando pienso en la entereza con la que estás viviendo esta estapa de tu vida. Lo estás haciendo bien, lo estás haciendo de puta madre, y te admiro profundamente porque yo no sería capaz ni siquiera de tragar saliva.
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