Sigo rebuscando en el vertedero dos partes de cosas distintas que merezca la pena unir. No llevo el mono amarillo reflectante, así que es una misión de alto riesgo puesto que en cualquier momento podría quedar sepultada bajo una montaña de mierda. Pero eso es algo que ahora mismo no me importa demasiado.
Llevo nueve meses aquí y sólo he encontrado un vinilo de los two many dj's. Ahora pienso que ya me habría dado tiempo a tener un hijo, o hacer un cursillo de algo fundamental para la vida, como lo es saber manipular alimentos.
Cuántas veces he pensado en irme y a un paso de la puerta de salida, me he puesto a correr hacia el lado contrario. No sé por qué hago esas cosas, no sé por qué no llevo a cabo el barrido mental cuando tengo recuerdos sucios que sólo van a hacerme daño. El caso es que no sé cuál es el caso, pero todo sería más sencillo si tuviera en mi poder una grua y una máquina excavadora. O un perforador eléctrico de esos to' guapos con los que los albañiles levantan todas las carreteras de mi pueblo para hacer calle peatonales.
Me siento responsable de absolutamente todo, incluso de cosas en las que yo no tengo nada que ver, como la prueba del carbono 14 y la historia de la sábana santa. O de que Rosa no ganara Eurovisión, incluso a veces me da la impresión de que tú eres una mala persona por mi culpa. Pero es que joder, ya me duele la cabeza de acordarme de todo, y no gano para leche desmaquilladora de tanto tiempo que paso con el rimmel restregado por la cara.
Hago memoria y me entra la risa de pensar en cómo varían en mi caso las necesidades vitales, llevamos doce meses del año y desde el enero pasado habré necesitado para poder seguir viviendo tres o cuatro cosas diferentes por mes. Lo que se convierte en alrededor de 40 cosas absolutamente necesarias a lo largo de 2.007. Creo que ninguna ha sido material, excepto la de hoy, que es un tinte morado para el pelo. Y no voy a parar hasta que lo consiga, como no pienso hacer en absoluto con el resto de cosas en mi vida. Que vienen, bien, que no... pues pataleo un poco y ya se me pasará cuando beba agua.
Sólo quiero decir que mi idea es no tener que volver a escribir cursiladas de amor y polleces de esas. Al menos no más de tres al mes. El otro día me leí y me subió el azúcar y me entró diarrea, así que será mejor dejarlo aquí. Bueno, que lo deje yo, tú hace tiempo que lo dejaste a saber dónde.
...llevas razón sobre tú y yo, pero da igual porque he cambiado de opinión. Sabiendo como sabes lo que siempre le hago a la gente,¿cómo pensabas que contigo iba a ser diferente?...
sábado, 29 de diciembre de 2007
jueves, 27 de diciembre de 2007
Quedamos así.
A veces estoy triste y me deprimo, y tú me llamas, y me pones voz rancia que sólo me da asco, y yo te digo "tengo la regla" y cuelgas corriendo porque te entra todo el miedo. Y de vez en cuando nos insultamos durante largas horas por Internet, diciéndonos mutuamente que somos bacterias piógenas productoras de pus, y que nuestras respectivas mascotas morirán pronto. Pero aunque tú bailes salsa y yo pegue saltos de borrego en los conciertos, nos queremos. ¿Será el guaraná?
A veces se alinean los planetas y soy yo quien llega tarde, y tú me llamas para preguntarme dónde estoy. Yo respondo que ya estoy llegando y tú haces mil preguntas que no vienen al caso para que yo acabe reventando y diciéndote "Joderrrrrrrrrrrr, qué pesadilla de persona, colega. Que ya estoy llegando, hostias". Y a ti te da la risa.
Y te aprovechas de mí para que te acompañe a comprar ropa porque sabes que te dejo a tu aire, y te hace gracia que yo esté todo el rato renegando y diciendo "pero joder, qué puta mierda. Quién coño diseña la ropa? por qué son todo esquijamas con pantejuelas?" Y te encanta que te acuse de rilarte a gritos y en voz alta.
A veces quedamos para comer en el chino y hablar sobre que todo nos parece una mierda, a veces nos gusta sentirnos como las protagonistas de Sexo en Nueva York, a veces pasan cosas como esta...


A veces se alinean los planetas y soy yo quien llega tarde, y tú me llamas para preguntarme dónde estoy. Yo respondo que ya estoy llegando y tú haces mil preguntas que no vienen al caso para que yo acabe reventando y diciéndote "Joderrrrrrrrrrrr, qué pesadilla de persona, colega. Que ya estoy llegando, hostias". Y a ti te da la risa.
Y te aprovechas de mí para que te acompañe a comprar ropa porque sabes que te dejo a tu aire, y te hace gracia que yo esté todo el rato renegando y diciendo "pero joder, qué puta mierda. Quién coño diseña la ropa? por qué son todo esquijamas con pantejuelas?" Y te encanta que te acuse de rilarte a gritos y en voz alta.
A veces quedamos para comer en el chino y hablar sobre que todo nos parece una mierda, a veces nos gusta sentirnos como las protagonistas de Sexo en Nueva York, a veces pasan cosas como esta...
La que se puede liar el curso que viene cuando nos vayamos a vivir juntas. Es que no teneis ni idea...
Lo hago porque quiero.
Ya no sé qué hacer, ni hacia dónde mirar, así que será mejor que cuentes un chiste o algo, porque la situación empieza a ser incómoda. Es jodido cuando dos personas que disfrutaban juntos del silencio, se dan cuenta de que han dejado de hacerlo. Eh, pero más jodido es despertar un día y descubrir, cuando ya tienes la leche en el vaso, que te has quedado sin Nesquik, así que no te apures, que tampoco hay tanto drama.
He cambiado de idea acerca de todo lo que ha estado pasando últimamente, ya no tengo un concepto ni bueno, ni malo, sino todo lo contrario. Es extraño, como todo lo que hago, supongo. En fin, creo que lo mejor será hacer como que todo da igual, así ambos nos llevamos una alegría. Yo porque igual vuelvo a respirar y tú... bueno, tú ni siquiera lo vas a notar, así que todos contentos.
Sólo quería que supieras que tampoco hace falta que te sientas tan culpable, que al fin y al cabo se me pasará, como se me acaba pasando todo, sólo que esta vez la historia me está dando por culo más de lo normal. Pero aún así, lo superaré, aunque me cueste todos los años de mi vida menos uno.
He cambiado de idea acerca de todo lo que ha estado pasando últimamente, ya no tengo un concepto ni bueno, ni malo, sino todo lo contrario. Es extraño, como todo lo que hago, supongo. En fin, creo que lo mejor será hacer como que todo da igual, así ambos nos llevamos una alegría. Yo porque igual vuelvo a respirar y tú... bueno, tú ni siquiera lo vas a notar, así que todos contentos.
Sólo quería que supieras que tampoco hace falta que te sientas tan culpable, que al fin y al cabo se me pasará, como se me acaba pasando todo, sólo que esta vez la historia me está dando por culo más de lo normal. Pero aún así, lo superaré, aunque me cueste todos los años de mi vida menos uno.
miércoles, 26 de diciembre de 2007
Hostias.
Te noto un poco raro, ¿te ha cambiado la voz? Hace tanto que no hablamos... ¿cómo te va? A mí guay. Bueno, no tanto, pero no me puedo quejar. Liada con la Universidad y eso, pero al fin y al cabo guay. ¿Y tú? ¿Sigues currando en lo mismo? Sí, ya te lo he notado en las manos. ¿Sabes? el otro día vi a tu colega, a ese de los ricillos. No, no le saludé, me daba vergüenza.
¿En casa todo bien? ¿Cómo está tu madre? Dale recuerdos. Ya, ya sé que no la conozco, pero le tengo cariño, joé. Sigues riéndote igual, ¿sabes? Ya no me acordaba. Una risa así, como del tirón y siempre con la letra "A".
Ahora que estoy a tu lado, creo que he crecido, ¿no? ¿Tú qué opinas? Que no te rías, que es verdad. Mira, en serio, antes te llegaba por el hombro, ahora si me aupo un poco, mi mirada llega a tus ojos. ¿Viste el mensaje de Navidad del Rey? ¿Pero cómo que no? Hay que estar ahí apoyando a la familia real, en estos momentos tan duros de cese temporal de convivencia entre la infanta y Marichalar. Marichalar power, ya lo sabes.
Sigues oliendo bien, nano. Sí, yo uso la misma colonia de siempre. Hacía tiempo que no nos olíamos, ¿eh? . ¿Cómo que qué me pasa? No me pasa nada, ¿por? ¿me notas algo extraño? Que va, no son ojitos tristes, será que voy pedo, estoy bien, en serio. ¿Y tú? ¿estás bien? Te veo buena cara, ¿eres feliz? jeje, me alegro.
El otro día me estaba acordando de cua... bueno, es igual. No, no, es igual, ha sido un error por mi parte empezar con la frase, en serio. Que no insistas, que no te lo digo. ¿Cómo que por qué? Porque se me va a notar un huevo que te echo terriblemente de menos. En fin, creo que será mejor que me pire a lo mío, si no empezaré a decirte cosas que prefiero que no sepas y mañana me arrepentiré y querré morirme y todo será muerte y destrucción. Ya nos vemos.
¿En casa todo bien? ¿Cómo está tu madre? Dale recuerdos. Ya, ya sé que no la conozco, pero le tengo cariño, joé. Sigues riéndote igual, ¿sabes? Ya no me acordaba. Una risa así, como del tirón y siempre con la letra "A".
Ahora que estoy a tu lado, creo que he crecido, ¿no? ¿Tú qué opinas? Que no te rías, que es verdad. Mira, en serio, antes te llegaba por el hombro, ahora si me aupo un poco, mi mirada llega a tus ojos. ¿Viste el mensaje de Navidad del Rey? ¿Pero cómo que no? Hay que estar ahí apoyando a la familia real, en estos momentos tan duros de cese temporal de convivencia entre la infanta y Marichalar. Marichalar power, ya lo sabes.
Sigues oliendo bien, nano. Sí, yo uso la misma colonia de siempre. Hacía tiempo que no nos olíamos, ¿eh? . ¿Cómo que qué me pasa? No me pasa nada, ¿por? ¿me notas algo extraño? Que va, no son ojitos tristes, será que voy pedo, estoy bien, en serio. ¿Y tú? ¿estás bien? Te veo buena cara, ¿eres feliz? jeje, me alegro.
El otro día me estaba acordando de cua... bueno, es igual. No, no, es igual, ha sido un error por mi parte empezar con la frase, en serio. Que no insistas, que no te lo digo. ¿Cómo que por qué? Porque se me va a notar un huevo que te echo terriblemente de menos. En fin, creo que será mejor que me pire a lo mío, si no empezaré a decirte cosas que prefiero que no sepas y mañana me arrepentiré y querré morirme y todo será muerte y destrucción. Ya nos vemos.
Sí, mi sol.
Me encanta que se haga de día y salir de la cama de un salto. Vestirme deprisa, lavarme la cara, dejar haciéndose la comida y despedirme del gato. Me encanta salir de mi casa y verte esperándome apoyado en el coche fumando un cigarro. Y de verdad soy feliz cuando me besas y eres capaz de rodear todo mi cuerpo sólo con un brazo.
Rezumo alegría por los poros últimamente, que de tanto tenerte a mi lado me sube la fiebre, y me pongo caliente. Y sonrío más desde que pasamos todo el día follando, si siento que reviento cuando te tengo muy dentro y deseo que llegue el momento en que hagan efecto las pastillas para poder hacerlo sin goma, porque confío tanto en ti que sé que no vas a irte con otra.
Y disfruto cuando te digo "más fuerte, cariño", y tú me embistes y yo me reviento la cabeza contra la pared de la cama.
Sonrío tanto últimamente que me he hecho vieja derrepente, de tantas arruga que me han salido por tenerte siempre presente dándome vuelcos al corazón. Y es que me asusto si me llamas a las cinco de la mañana llorando para decirme que tienes tantas ganas de verme, que o voy enseguida, o vienes a recogerme. La exaltación de sentimientos etílica, ya sabes. Yo sí que te echo de menos, corazón.
Y tengo mejor la piel de la espalda desde que me la llenas de besos, y ya no me duelen tanto los sobresaltos porque sé que iré corriendo a contártelos, y que tú me dirás las palabras exactas para que los olvide un rato. O al menos, harás por entretenerme para que no piense en ellos.
Vivo para desvivirte en el mejor de los sentidos, para que sientes la cabeza o, preferiblemente, para que despegues los pies del suelo. Para plantar flores entre en el espacio que quede de tus pies hasta el terreno.
En fin, que desde que sé que estás ahí soy feliz y no tengo penas, y todo es maravilloso, y ahora sí, ahora sí que vivo en rosa, y... joder, me lo estoy inventando todo. Ya no queda otra que vivir de fiesta en fiesta, a ver si en una de estas me quedo tonta y se me olvida que existes.
...que yo no vuelvo a llorar, pa' cuatro besos que me has dao, y a mí me sobra el hachís...
domingo, 23 de diciembre de 2007
Reflexiones necesarias en todo aspirante a Mormón: I
A veces tengo toda las ganas del mundo de hacer algo. Siento algo físico que me hace pensar que de verdad necesito hacerlo. Y me animo, y me concienzo de lo importante que sería para mí llevarlo a cabo. Pero al final me doy cuenta de que es algo que me da tanto miedo hacer, que en lugar de estar buscando ventajas, le busco inconvenientes para no tener que hacerlo.
viernes, 21 de diciembre de 2007
Nuevos peinados raros.
Salgo a la calle envuelta en la bufanda azul que me regaló Javi cuando cumplí los 20. Siempre me ha gustado esa bufanda, y siempre me ha gustado Javi (en un sentido asexual, of course), así que supongo que por eso le tengo especial cariño a esa prenda.
Hace frío, mucho frío, de hecho creo que estoy en Siberia ahora mismo. Siento como poco a poco se me escarchan las mejillas y dos niños aprovechan para pedirme un cigarro. "¿Cuántos años teneis?", pregunto, "Dieciocho", responden. Oh, sí claro... si ya han cumplido los quince es algo que no me queda del todo claro. Les doy el preciado tesoro y añado "Pues ya teneis edad para comprar, no pidais tanto". Lo hago sólo por joder, se lo iba a dar de todos modos, pero nunca desperdicio una oportunidad de dar por el culo.
En el mp3 suena "Invierno del 92", del Cuarteto de Nos. Es una de mis nuevas canciones fetiche, sobre todo el trozo que reza:
...Ah, rubia, ¿te hizo mal la lluvia? ¿o tenés la mente turbia? (...) No te acompaño el sentimiento, vas a morir de un ataque de pensamiento. Y le grité a la cara congelada: OTRA RUBIA TARADA!!!!!...
Llego a la parada de metro y allí está el chico del almacén de la tienda de ropa de cama de la calle peatonal de mi pueblo. Es un hippy retirado, algo mayor pero igualmente bello. Se me queda mirando, y yo con estos pelos... Me da la risa y aparto la cara.
Me fumo el cigarro de rigor mientras espero que el fantástico transporte público pase a recogerme, y empieza a chispear. Espero con fervor que no se coja, sería tremenda putada. Aunque hay cosas peores... no sé, que erupcione el Teide y por un capricho de la naturaleza nos lleguen las cenizas incandescentes, o que haga aire. El aire es peor que la lluvia.
Pasa el metro y el chico del almacén y yo nos sentamos uno enfrente del otro. Nos miramos por el reflejo de la ventana, pero me acaba aburriendo la tontería adolescente y me encierro en la música: ...ya tuve que ir obligado a misa, ya toqué en el piano "Para Elisa", ya aprendí a falsear mi sonrisa, ya caminé por la cornisa. Ya cambié de lugar mi cama, ya hice comedia, ya hice drama. Fui concreto y me fui por las ramas, ya me hice el bueno y tuve mala fama... El Cuarteto es genial, en serio.
Salgo de la boca del metro y descubro que he sido la primera en llegar. Mientras espero a que lleguen los demás una pareja se besa, se abraza y se quiere apoyada en la puerta de mi antiguo instituto. Espero que ella le sea infiel y le contagie una gonorrea, y que él como venganza se lie con la prima de ella y que todo sea un drama. Qué bonito es el amor... no os durará.
Pasa por allí un chico de mi clase que vive en el barrio. "¿Qué haces aquí?", pregunta. "Esperar", respondo. Y la conversación se acaba ahí. Hay que ver lo que da de sí el chaval.
Cuando llegan los demás por fin nos vamos a cenar. Al chino, por supuesto. Hay cosas que, por suerte o por desgracia, nunca cambian. Me voy metiendo con todos uno por uno. Es divertido. Con un poco de suerte les encabronaré y se pondrán todos contra mí.
Arroz, rollito, ternera con bambú y la tradicional guerra de guisantes lanzados con la chapa de la lata de coca-cola a modo de catapulta. Recuerdo cuando alguien me dijo "¿pero por qué te rayas? en el arroz tres delicias tú eres la tortilla y él es el guisante". Me parto el culo para mis adentros y a ratos siento que es verdad.
Cambiamos de lugar para tomar café levantando el dedo meñique mientras cogemos el vaso. Cuanto mi último combate verbal con una chica de mi universidad. Una apasionante discusión sobre si los calamares y las bravas tienen clase o no. Los colegas se parten y yo, que ya era consciente de lo absurdo de la pelea, me río con ellos. "Es que te enganchas enseguida, tía". Ya lo sé, ya. Furia eterna Llorens.
Vamos al pub y yo tengo toda la ilusión de ponerme como las cabras. Aparecen los tres de Torrente y me alegro de verlos menos de lo normal. Pero aún así, bienvenidos, aunque el rubio ya no me parece tan guapo como antaño.
Veo en otra mesa a los tres de Sagunto. Voy a hablar con ellos un rato. Le sugiero al heavy que se corte el pelo y se busque un trabajo, y con el estudiante de filosofía tengo una larga conversación acerca de las tribus urbanas. Él concluye diciéndome "eres pura, tía. Eres muy pura." Yo no entiendo bien lo qué quiere decir con eso, pero parece ser un comentario agradable y vuelvo a mi mesa.
De camino encuentro en el suelo un rollo de celo. Ya está la fiesta hecha. Empiezo a dar por culo todo lo que se me ocurre y un poco más. Cojo el vaso de Vicen y lo envuelvo de arriba abajo en celo con todas las ansias de una hija de puta de pro. Él no pone resistencia, sólo me mira y se ríe. Es la mejor persona, pobre. Me encanta cuando me llama sólo para ver si estoy bien.
Al rato me doy cuenta de que en la mesa de al lado está el argentino que me embaucó para que me liara con él. Se me queda mirando y giro la cara. Al día siguiente descubrí que tenía novia. No quiero saber más nada. Argentinos no. Cuando noto que no me mira, le vuelvo mirar. Está bastante más bueno de lo que creía recordar, pero aún así, no.
Empiezo una apasionante discusión sobre si comerse un huevo es lo mismo que comerse un feto. Yo defiendo con fervor esa postura. Un huevo es un pollo a medio formar, o sea, un feto, ¿estamos locos o qué? El nivel de alcohol en sangre se hace patente. Y Paz, en un asombroso y necesario acto reflejo, dice "luego si llueve, espero que no te dé vergüenza el paraguas que llevo". Lo saca y es... increible. En serio... qué paraguas... un estampado de flores digno de la mejor bata de abuela. Me pregunto en qué estaría pensando el fabricante.
Lo abro emocionadísima, y allí nos quedamos todos dentro del pub y debajo del paraguas. "Pero observadlo, en serio, observadlo!!!". Estoy que no quepo en mí de gozo. Estar debajo de ese paraguas es como una experiencia trifásica, o simplemente como haberse comido un tripi.
Nos chapan el pub y tiramos para casa. "Vas a volcar?" Me preguntan... es posible. Así que yo me subo delante y más o menos llevo bien el viaje en coche. Mientras abro la puerta de casa los demás me miran desde el coche y hacen gestos que no entiendo pero que me hacen mucha gracia.
Subo en el ascensor con una sensación terriblemente agradable, y al llegar a la cama me doy cuenta de qué no he pensado en ti en todo el día. ¡VICTORIA! Bueno, vale, ahora me acabo de acordar de ti, pero durante el resto del día, no. ¡Yuju!
Hace frío, mucho frío, de hecho creo que estoy en Siberia ahora mismo. Siento como poco a poco se me escarchan las mejillas y dos niños aprovechan para pedirme un cigarro. "¿Cuántos años teneis?", pregunto, "Dieciocho", responden. Oh, sí claro... si ya han cumplido los quince es algo que no me queda del todo claro. Les doy el preciado tesoro y añado "Pues ya teneis edad para comprar, no pidais tanto". Lo hago sólo por joder, se lo iba a dar de todos modos, pero nunca desperdicio una oportunidad de dar por el culo.
En el mp3 suena "Invierno del 92", del Cuarteto de Nos. Es una de mis nuevas canciones fetiche, sobre todo el trozo que reza:
...Ah, rubia, ¿te hizo mal la lluvia? ¿o tenés la mente turbia? (...) No te acompaño el sentimiento, vas a morir de un ataque de pensamiento. Y le grité a la cara congelada: OTRA RUBIA TARADA!!!!!...
Llego a la parada de metro y allí está el chico del almacén de la tienda de ropa de cama de la calle peatonal de mi pueblo. Es un hippy retirado, algo mayor pero igualmente bello. Se me queda mirando, y yo con estos pelos... Me da la risa y aparto la cara.
Me fumo el cigarro de rigor mientras espero que el fantástico transporte público pase a recogerme, y empieza a chispear. Espero con fervor que no se coja, sería tremenda putada. Aunque hay cosas peores... no sé, que erupcione el Teide y por un capricho de la naturaleza nos lleguen las cenizas incandescentes, o que haga aire. El aire es peor que la lluvia.
Pasa el metro y el chico del almacén y yo nos sentamos uno enfrente del otro. Nos miramos por el reflejo de la ventana, pero me acaba aburriendo la tontería adolescente y me encierro en la música: ...ya tuve que ir obligado a misa, ya toqué en el piano "Para Elisa", ya aprendí a falsear mi sonrisa, ya caminé por la cornisa. Ya cambié de lugar mi cama, ya hice comedia, ya hice drama. Fui concreto y me fui por las ramas, ya me hice el bueno y tuve mala fama... El Cuarteto es genial, en serio.
Salgo de la boca del metro y descubro que he sido la primera en llegar. Mientras espero a que lleguen los demás una pareja se besa, se abraza y se quiere apoyada en la puerta de mi antiguo instituto. Espero que ella le sea infiel y le contagie una gonorrea, y que él como venganza se lie con la prima de ella y que todo sea un drama. Qué bonito es el amor... no os durará.
Pasa por allí un chico de mi clase que vive en el barrio. "¿Qué haces aquí?", pregunta. "Esperar", respondo. Y la conversación se acaba ahí. Hay que ver lo que da de sí el chaval.
Cuando llegan los demás por fin nos vamos a cenar. Al chino, por supuesto. Hay cosas que, por suerte o por desgracia, nunca cambian. Me voy metiendo con todos uno por uno. Es divertido. Con un poco de suerte les encabronaré y se pondrán todos contra mí.
Arroz, rollito, ternera con bambú y la tradicional guerra de guisantes lanzados con la chapa de la lata de coca-cola a modo de catapulta. Recuerdo cuando alguien me dijo "¿pero por qué te rayas? en el arroz tres delicias tú eres la tortilla y él es el guisante". Me parto el culo para mis adentros y a ratos siento que es verdad.
Cambiamos de lugar para tomar café levantando el dedo meñique mientras cogemos el vaso. Cuanto mi último combate verbal con una chica de mi universidad. Una apasionante discusión sobre si los calamares y las bravas tienen clase o no. Los colegas se parten y yo, que ya era consciente de lo absurdo de la pelea, me río con ellos. "Es que te enganchas enseguida, tía". Ya lo sé, ya. Furia eterna Llorens.
Vamos al pub y yo tengo toda la ilusión de ponerme como las cabras. Aparecen los tres de Torrente y me alegro de verlos menos de lo normal. Pero aún así, bienvenidos, aunque el rubio ya no me parece tan guapo como antaño.
Veo en otra mesa a los tres de Sagunto. Voy a hablar con ellos un rato. Le sugiero al heavy que se corte el pelo y se busque un trabajo, y con el estudiante de filosofía tengo una larga conversación acerca de las tribus urbanas. Él concluye diciéndome "eres pura, tía. Eres muy pura." Yo no entiendo bien lo qué quiere decir con eso, pero parece ser un comentario agradable y vuelvo a mi mesa.
De camino encuentro en el suelo un rollo de celo. Ya está la fiesta hecha. Empiezo a dar por culo todo lo que se me ocurre y un poco más. Cojo el vaso de Vicen y lo envuelvo de arriba abajo en celo con todas las ansias de una hija de puta de pro. Él no pone resistencia, sólo me mira y se ríe. Es la mejor persona, pobre. Me encanta cuando me llama sólo para ver si estoy bien.
Al rato me doy cuenta de que en la mesa de al lado está el argentino que me embaucó para que me liara con él. Se me queda mirando y giro la cara. Al día siguiente descubrí que tenía novia. No quiero saber más nada. Argentinos no. Cuando noto que no me mira, le vuelvo mirar. Está bastante más bueno de lo que creía recordar, pero aún así, no.
Empiezo una apasionante discusión sobre si comerse un huevo es lo mismo que comerse un feto. Yo defiendo con fervor esa postura. Un huevo es un pollo a medio formar, o sea, un feto, ¿estamos locos o qué? El nivel de alcohol en sangre se hace patente. Y Paz, en un asombroso y necesario acto reflejo, dice "luego si llueve, espero que no te dé vergüenza el paraguas que llevo". Lo saca y es... increible. En serio... qué paraguas... un estampado de flores digno de la mejor bata de abuela. Me pregunto en qué estaría pensando el fabricante.
Lo abro emocionadísima, y allí nos quedamos todos dentro del pub y debajo del paraguas. "Pero observadlo, en serio, observadlo!!!". Estoy que no quepo en mí de gozo. Estar debajo de ese paraguas es como una experiencia trifásica, o simplemente como haberse comido un tripi.
Nos chapan el pub y tiramos para casa. "Vas a volcar?" Me preguntan... es posible. Así que yo me subo delante y más o menos llevo bien el viaje en coche. Mientras abro la puerta de casa los demás me miran desde el coche y hacen gestos que no entiendo pero que me hacen mucha gracia.
Subo en el ascensor con una sensación terriblemente agradable, y al llegar a la cama me doy cuenta de qué no he pensado en ti en todo el día. ¡VICTORIA! Bueno, vale, ahora me acabo de acordar de ti, pero durante el resto del día, no. ¡Yuju!
domingo, 16 de diciembre de 2007
Restituye el tesoro.
Sal de mi cabeza. Deslízate por las paredes de mi habitación, llega al suelo y márchate por debajo de la puerta. Haz que deje de tener miedo, que sonría. Deja de cegarme y permite que vea las cosas buenas que tienen los demás. Afloja las manos y suéltame el cuello, ya no recuerdo lo que es respirar.
Lo único que quiero por Navidad es una lobotomía, y como complemento una cerilla para poder prenderle fuego al cajón desastre en el que has convertido mi vida. Que todos los días me acuerdo de ti al menos diez veces, y ya no es justo, ni sano, ni normal.
Me duele tanto verme la boca estirada cuando pienso en lo bueno que has dado, que el picor de nariz que viene ipsofacto marcado por todo lo malo no palia el sentimiento de culpa por seguir queriéndote así.
Ya no quiero más nada de todo esto. Quiero escribir que todo es color rosa palo, y que en el asiento de atrás de tu coche se vive tan bien... que no tengo frío en las manos, y no me da miedo el invierno, que salgo de la cama de un salto dispuesta a comerme el mundo como solía hacer antaño. Que llorar está de más y ya sólo grito en gemidos, que no me da pena ir al cine, ni me pongo nerviosa si llueve. Y quiero escribir que... joder, vuelve.
Lo único que quiero por Navidad es una lobotomía, y como complemento una cerilla para poder prenderle fuego al cajón desastre en el que has convertido mi vida. Que todos los días me acuerdo de ti al menos diez veces, y ya no es justo, ni sano, ni normal.
Me duele tanto verme la boca estirada cuando pienso en lo bueno que has dado, que el picor de nariz que viene ipsofacto marcado por todo lo malo no palia el sentimiento de culpa por seguir queriéndote así.
Ya no quiero más nada de todo esto. Quiero escribir que todo es color rosa palo, y que en el asiento de atrás de tu coche se vive tan bien... que no tengo frío en las manos, y no me da miedo el invierno, que salgo de la cama de un salto dispuesta a comerme el mundo como solía hacer antaño. Que llorar está de más y ya sólo grito en gemidos, que no me da pena ir al cine, ni me pongo nerviosa si llueve. Y quiero escribir que... joder, vuelve.
sábado, 15 de diciembre de 2007
Net WT.
Si existen canciones que animan a seguir adelante haciendo apología de que la vida merece la pena, es porque la gente tiende a deprimirse. Y es que es jodido no hacerlo cuando necesitamos a otros para ser felices.
Ahí está el error, en abrirnos y confiar a otros individuos el poder de hacer que nuestra vida pase por picos de felicidad-a-saco y/o pútrida-y-asquerosa-tristeza. Porque, seamos sinceros, con más o menos ojo clínico tachamos al resto de los humanos de buena o mala gente, pero en ningún momento hacemos tests para evaluar el nivel de cabronismo oculto que encierra cada persona.
1. Nombre:
2. Horóscopo:
3. Fecha de nacimiento:
4. Comida favorita:
5. De 1 a 10, nivel de empatía:
6. ¿Dónde está tú límite?:
7. ¿Dónde crees que está el mío?:
8. ¿Cuántas personas te conocen bien, y siguen hablando bien de ti?:
9. ¿Cuántas personas te conocen bien, y piensan que eres un grandísimo hijo de puta?:
10. ¿Qué es lo peor que le has hecho a alguien?:
11. ¿Qué es lo mejor que has hecho por alguien?:
12. ¿Cuánto tiempo crees que pasará antes de que me la claves?:
13. ¿Qué me vas a hacer?:
14. ¿No te doy pena?:
15. ¿Qué no soportas en una persona?:
16. Tu mayor defecto:
17. Tu mejor virtud: (Si aquí la respuesta es "la puntualidad", tenemos un problema)
18. Aficiones:
19. Fobias:
20. ¿Cuántas veces has hecho llorar a tu pobre mamá?:
21. Objetivos en la vida:
22. ¿Te has enamorado alguna vez? ¿Sabes si eres capaz de querer a las personas?:
23. Si tienes perro, ¿dónde duerme?:
24. Listado de salvajadas en general:
25. ¿Qué es lo más bonito que te han dicho en la vida?:
26. ¿Y lo peor que te han dicho?:
Etc., etc., etc.
Y como hacer esto no es ético ni factible, o me hago ermitaña u os mato a todos.
Ahí está el error, en abrirnos y confiar a otros individuos el poder de hacer que nuestra vida pase por picos de felicidad-a-saco y/o pútrida-y-asquerosa-tristeza. Porque, seamos sinceros, con más o menos ojo clínico tachamos al resto de los humanos de buena o mala gente, pero en ningún momento hacemos tests para evaluar el nivel de cabronismo oculto que encierra cada persona.
1. Nombre:
2. Horóscopo:
3. Fecha de nacimiento:
4. Comida favorita:
5. De 1 a 10, nivel de empatía:
6. ¿Dónde está tú límite?:
7. ¿Dónde crees que está el mío?:
8. ¿Cuántas personas te conocen bien, y siguen hablando bien de ti?:
9. ¿Cuántas personas te conocen bien, y piensan que eres un grandísimo hijo de puta?:
10. ¿Qué es lo peor que le has hecho a alguien?:
11. ¿Qué es lo mejor que has hecho por alguien?:
12. ¿Cuánto tiempo crees que pasará antes de que me la claves?:
13. ¿Qué me vas a hacer?:
14. ¿No te doy pena?:
15. ¿Qué no soportas en una persona?:
16. Tu mayor defecto:
17. Tu mejor virtud: (Si aquí la respuesta es "la puntualidad", tenemos un problema)
18. Aficiones:
19. Fobias:
20. ¿Cuántas veces has hecho llorar a tu pobre mamá?:
21. Objetivos en la vida:
22. ¿Te has enamorado alguna vez? ¿Sabes si eres capaz de querer a las personas?:
23. Si tienes perro, ¿dónde duerme?:
24. Listado de salvajadas en general:
25. ¿Qué es lo más bonito que te han dicho en la vida?:
26. ¿Y lo peor que te han dicho?:
Etc., etc., etc.
Y como hacer esto no es ético ni factible, o me hago ermitaña u os mato a todos.
domingo, 9 de diciembre de 2007
Cuestión de histocompatibilidad.
...Nunca pensamos que fuera a acabar, y hoy, cómo pudo empezar...
Es como tener la voz de la piba de Liquid Sun en un constante ronronear de cabeza. Algo que te atraviesa las sienes hasta el punto de sentir que tu bulbo raquideo está a tres segundos de reventar y de salpicar a todo lo que te rodea, manchando a diestro y siniestro, sin mirar dónde se apunta, pero haciendo el mayor daño posible o, al menos, intentándolo. Lo mejor es cuando la lías, y después, en lugar de remordimientos de conciencia, te entra la risa. Eso te suena, ¿verdad?
Es como cuando sientes mi vello púbico rozando tu pierna, y luego suena el despertador y salgo corriendo de la cama porque llego tarde a cualquier sitio, y no nos da tiempo a nada más. Son las gotas de miel que se te cayeron de la boca al balbucear que ya no me querías, y es la falta de reacción, o de interés, quién sabe, por mi parte para intentar recogerlas.
Es sujetarte las manos con fuerza para intentar estornudarte en la cara, o decirte "ahora vengo, que me estoy cagando", es superar el sonarme los mocos, o la cumbre de la escatología en la que tan agusto me balanceo, y enseñarte la comida que tengo en la boca justo después de masticarla, o pedirte que me limpies después de mear. Y sobre todo es que tú quieras hacerlo.
Es dormirme en el sofá y que tú me lleves en brazos a la cama, o que ocurra al revés y que al intentar levantarte nos demos la gran hostia, y tu te abras la cabeza contra la mesa de cristal y yo te ponga la mano en la herida y no me preocupe que puedas tener Hepatitis o Sida.
Es simplemente el hecho de que me matas, pero sin ti me muero, y es el suspiro abrupto de una grieta en el techo por donde se cuelan todas tus cucarachas.
Es querer hacer crepes contigo a las tres de la mañana, o las ansias de tirarte un puñado de arena a los ojos. Es tener pánico a oír cualquier palabra que empiece por "R", y la fobia y el nerviosismo del cuadro imaginario de conocer a tu madre. Y el sonido entrecortado de la voz de tu padre diciendo "¿esa es mi nuera?". Es querer asesinarte con mis manos y a la vez querer acabar con todo lo que pueda hacerte daño.
Es lo estúpido que tiene el contestar a una pregunta con un "porque sí, y punto", y es el hecho de que yo hago eso constantemente, pero a mí me queda bien. Y es montarme yo sola la fiesta y que luego suceda lo mismo que en la última escena de La Naranja Mecánica. O el temblor que me entra al pensar que cuando te conocí no me maquillaba, y ahora sí lo hago.
Es pensar que no sabes de la misa la media, y que en algún momento eso deja de importar. Es una canción de Malos Vicios a destiempo, y una rápida contraposición del Ferreiro, en una mezcla que para uno de los dos será diarreica. O... o yo qué sé, que vayamos a un karaoke a hacer de Pimpinela, me da lo mismo.
Es una foto que te encoge el estómago al verla, y que incluso puede llegarte a marear. Es esa frase certera que se te clava en la nuez al oirla. Es el enorme problema que supone el hecho de no saber quién debe aceptar a quién, y es decir "por mis muertos que yo no doy el brazo a torcer". Es complicado, es la mezcla de "o eso, o nada" y pensar a la vez que aunque tú no puedes darme eso, es "o tú, o nada".
Es darse trescientos cabezazos contra el tablero del escritorio, y oír a mis amigos repetir una y otra vez "deja de pensar de una puta vez que la culpa ha sido tuya, porque no es así". Es desglosar y esclarecer, que si no ha sido mía, ha sido tuya. ¿Tú te sientes culpable? Yo sí, a todas horas, joder.
Es tu reflejo en la laca roja de mis uñas, y lo que sientes cuando te rasco la barbilla. Es reconocer sin pudor que le tienes vicio a una puta mierda de canción, es complicidad ciega, un castigo ejemplar y no caber en un ascensor. Es tener que recorrer la avenida más larga del mundo. Es arder en el puto infierno, y la droga resbalando por mi garganta para intentar no recordarte. Es veneno y caramelo, y saber que está todo muerto y no poder hacer nada para sentir alivio, ni siquiera partirte la cabeza a palazos.
Eso es todo lo que aún sigo sintiendo por ti.
Que ya, que ya, que soy una grandísima hija de puta, ¿y tú? ¿a qué te dedicas?
Es como tener la voz de la piba de Liquid Sun en un constante ronronear de cabeza. Algo que te atraviesa las sienes hasta el punto de sentir que tu bulbo raquideo está a tres segundos de reventar y de salpicar a todo lo que te rodea, manchando a diestro y siniestro, sin mirar dónde se apunta, pero haciendo el mayor daño posible o, al menos, intentándolo. Lo mejor es cuando la lías, y después, en lugar de remordimientos de conciencia, te entra la risa. Eso te suena, ¿verdad?
Es como cuando sientes mi vello púbico rozando tu pierna, y luego suena el despertador y salgo corriendo de la cama porque llego tarde a cualquier sitio, y no nos da tiempo a nada más. Son las gotas de miel que se te cayeron de la boca al balbucear que ya no me querías, y es la falta de reacción, o de interés, quién sabe, por mi parte para intentar recogerlas.
Es sujetarte las manos con fuerza para intentar estornudarte en la cara, o decirte "ahora vengo, que me estoy cagando", es superar el sonarme los mocos, o la cumbre de la escatología en la que tan agusto me balanceo, y enseñarte la comida que tengo en la boca justo después de masticarla, o pedirte que me limpies después de mear. Y sobre todo es que tú quieras hacerlo.
Es dormirme en el sofá y que tú me lleves en brazos a la cama, o que ocurra al revés y que al intentar levantarte nos demos la gran hostia, y tu te abras la cabeza contra la mesa de cristal y yo te ponga la mano en la herida y no me preocupe que puedas tener Hepatitis o Sida.
Es simplemente el hecho de que me matas, pero sin ti me muero, y es el suspiro abrupto de una grieta en el techo por donde se cuelan todas tus cucarachas.
Es querer hacer crepes contigo a las tres de la mañana, o las ansias de tirarte un puñado de arena a los ojos. Es tener pánico a oír cualquier palabra que empiece por "R", y la fobia y el nerviosismo del cuadro imaginario de conocer a tu madre. Y el sonido entrecortado de la voz de tu padre diciendo "¿esa es mi nuera?". Es querer asesinarte con mis manos y a la vez querer acabar con todo lo que pueda hacerte daño.
Es lo estúpido que tiene el contestar a una pregunta con un "porque sí, y punto", y es el hecho de que yo hago eso constantemente, pero a mí me queda bien. Y es montarme yo sola la fiesta y que luego suceda lo mismo que en la última escena de La Naranja Mecánica. O el temblor que me entra al pensar que cuando te conocí no me maquillaba, y ahora sí lo hago.
Es pensar que no sabes de la misa la media, y que en algún momento eso deja de importar. Es una canción de Malos Vicios a destiempo, y una rápida contraposición del Ferreiro, en una mezcla que para uno de los dos será diarreica. O... o yo qué sé, que vayamos a un karaoke a hacer de Pimpinela, me da lo mismo.
Es una foto que te encoge el estómago al verla, y que incluso puede llegarte a marear. Es esa frase certera que se te clava en la nuez al oirla. Es el enorme problema que supone el hecho de no saber quién debe aceptar a quién, y es decir "por mis muertos que yo no doy el brazo a torcer". Es complicado, es la mezcla de "o eso, o nada" y pensar a la vez que aunque tú no puedes darme eso, es "o tú, o nada".
Es darse trescientos cabezazos contra el tablero del escritorio, y oír a mis amigos repetir una y otra vez "deja de pensar de una puta vez que la culpa ha sido tuya, porque no es así". Es desglosar y esclarecer, que si no ha sido mía, ha sido tuya. ¿Tú te sientes culpable? Yo sí, a todas horas, joder.
Es tu reflejo en la laca roja de mis uñas, y lo que sientes cuando te rasco la barbilla. Es reconocer sin pudor que le tienes vicio a una puta mierda de canción, es complicidad ciega, un castigo ejemplar y no caber en un ascensor. Es tener que recorrer la avenida más larga del mundo. Es arder en el puto infierno, y la droga resbalando por mi garganta para intentar no recordarte. Es veneno y caramelo, y saber que está todo muerto y no poder hacer nada para sentir alivio, ni siquiera partirte la cabeza a palazos.
Eso es todo lo que aún sigo sintiendo por ti.
Que ya, que ya, que soy una grandísima hija de puta, ¿y tú? ¿a qué te dedicas?
sábado, 8 de diciembre de 2007
Si menos es más.
...resucito con un par de cojones, sin tener que dar explicaciones...
Hoy, no sé por qué, no quiero hablar del desagravio, sino de lo bonito que se siente el punto en el que te concentras para valorar lo bueno que te da la vida, por infame y ridículo que sea. Sólo hay que saber hacia dónde mirar. ¿Puede alguien señalarme con su dedo mi camino? Ya da igual, siempre voy en dirección contraria.
En la boca tengo un nido de bacterias de las mil salivas que me atacan e invaden mi espacio vital, sobrepasando sin miramientos el lado de la línea que intento marcar siempre. Y es que al mínimo roce se me olvidan tantas cosas que no puedo recordar lo que me he prometido. Y si me acuerdo, pues me la suda y me lo salto.
Sé sincero, ¿alguna vez me echas de menos?
... los mismo clavos, la misma cruz, los mismo clavos, el mismo ataúd...
jueves, 6 de diciembre de 2007
Ahora mismo estamos en camino.
Tu pasado amargo, mi constante deambular,
tu tranquilidad, mi ansiedad de no sé qué,
tu cuerpo, tu mirar,
mi falta de voluntad, orgullo, dignidad, sinceridad, daño gratuito.
Sin mirar atrás
pero sin ganas de olvidar;
mucho corazón,
falta de dirección.
En la soledad, utopía para perder,
me acompañará la imaginación.
Tu desconfiar y mi espacio por ganar,
tu fidelidad y mis ganas de probar,
tu eterna indecisión y mi "déjate llevar".
Tu insatisfacción
mi decepción
nuestro fracaso.
Me da miedo caminar por si en el intento vuelvo a tropezar y se acaba el mundo de una vez por todas. O quizás sólo es una excusa para no acercarme a nadie y tener la tentación de compararlo contigo. En realidad me estoy hartando ya, o es que el tiempo ejerce bien su oficio, pero cada vez me cuesta más dibujar la forma de tu cara. Y tu voz sólo la recuerdo a medias, y tu forma de mirar se me escapa, de hecho, si hago fuerza, sólo consigo saber cómo eres de espaldas.
Y pensar que ahora puedo estar entre sus brazos, y en lugar de eso, voy corriendo a casa, y me encierro en mi habitación y te lloro a mares... no quiero ver a nadie que no seas tú.
Es tan triste, tan jodidamente triste el tumbarme en la cama y soñarte a mi lado... y sentir que no quiero despertarme si no te tengo al lado, y esperar a que pasen los días, los meses, los años, con la paciencia de un transeunte en un paso de zebra, si con eso voy a conseguir verte, al menos, pasar de largo.
Me doy tanta pena... me doy tanto asco por quererte como te quiero con lo díficil que me pones las cosas. Y si por lo menos fuese difícil tendría sentido, pero es que es imposible. Tan imposible que se me posa una bola de lástima en el mentón y me quiero quemar a lo bonzo y partirme en mil trozos y desollarme la cara y partirme las piernas, porque no soy digna de mí misma por sentir esto por ti.
Y quiero tenerte en frente y que me mires a los ojos y me digas "ya no te quiero, y en realidad no sé si te quise". ¿Cómo has sido capaz de hacer esto y de seguir respirando luego? ¿Cómo pudiste recogerme deshecha, rehacerme y dejarme de nuevo hecha mierda? ¿Qué te enseñaron en el colegio que era la ética?
Y si te mueres, que no me inviten a tu entierro. No sabría qué ponerme.
tu tranquilidad, mi ansiedad de no sé qué,
tu cuerpo, tu mirar,
mi falta de voluntad, orgullo, dignidad, sinceridad, daño gratuito.
Sin mirar atrás
pero sin ganas de olvidar;
mucho corazón,
falta de dirección.
En la soledad, utopía para perder,
me acompañará la imaginación.
Tu desconfiar y mi espacio por ganar,
tu fidelidad y mis ganas de probar,
tu eterna indecisión y mi "déjate llevar".
Tu insatisfacción
mi decepción
nuestro fracaso.
Me da miedo caminar por si en el intento vuelvo a tropezar y se acaba el mundo de una vez por todas. O quizás sólo es una excusa para no acercarme a nadie y tener la tentación de compararlo contigo. En realidad me estoy hartando ya, o es que el tiempo ejerce bien su oficio, pero cada vez me cuesta más dibujar la forma de tu cara. Y tu voz sólo la recuerdo a medias, y tu forma de mirar se me escapa, de hecho, si hago fuerza, sólo consigo saber cómo eres de espaldas.
Y pensar que ahora puedo estar entre sus brazos, y en lugar de eso, voy corriendo a casa, y me encierro en mi habitación y te lloro a mares... no quiero ver a nadie que no seas tú.
Es tan triste, tan jodidamente triste el tumbarme en la cama y soñarte a mi lado... y sentir que no quiero despertarme si no te tengo al lado, y esperar a que pasen los días, los meses, los años, con la paciencia de un transeunte en un paso de zebra, si con eso voy a conseguir verte, al menos, pasar de largo.
Me doy tanta pena... me doy tanto asco por quererte como te quiero con lo díficil que me pones las cosas. Y si por lo menos fuese difícil tendría sentido, pero es que es imposible. Tan imposible que se me posa una bola de lástima en el mentón y me quiero quemar a lo bonzo y partirme en mil trozos y desollarme la cara y partirme las piernas, porque no soy digna de mí misma por sentir esto por ti.
Y quiero tenerte en frente y que me mires a los ojos y me digas "ya no te quiero, y en realidad no sé si te quise". ¿Cómo has sido capaz de hacer esto y de seguir respirando luego? ¿Cómo pudiste recogerme deshecha, rehacerme y dejarme de nuevo hecha mierda? ¿Qué te enseñaron en el colegio que era la ética?
Y si te mueres, que no me inviten a tu entierro. No sabría qué ponerme.
domingo, 2 de diciembre de 2007
Feliz cumpleaños (hoy para ti).
Porque cuando nos conocimos aquellas Fallas en el Carmen no abriste la boca en toda la noche, pero viviste junto a mí el momento en el que Víctor dijo "no es lo mismo vivir en un pueblo que en una ciudad". Porque al tiempo nos vimos en el Viña y tampoco hablamos casi, pero nos revolcamos en la arena al lado de las cabinas de los baños. Y me acompañaste a mear entre dos coches, y nos dijimos "adiós, ojalá que volvamos a vernos".
Porque viniste a buscarme a Valencia y me hiciste ir a recogerte sola y a las doce de la noche a la estación de autobuses, y luego fuimos al Cedro y tampoco me hablaste nada de nada, pero me dejaste fumarme un porro tras otro y me escuchaste paciente hablar sin parar sobre todo lo concerniente a mi vida. Porque tú cogiste el taxi primero.
Porque luego no recuerdo qué pasó pero dejamos de hablarnos un tiempo, y porque fuiste una puta pesadilla de persona que no paró de darme el coñazo volví a tener contacto contigo, y luego fui a verte, y me metiste en tu casa, y me presentaste a tu padre, tu hermana, tu abuela, su gata, tu madre y tus amigos. Porque tuve los cojones de convencerte de que no vinieras a buscarme a la estación, de que yo sóla en Madrid sería capaz de encontrar tu casa. Porque cogí el metro, el tren y el autobús, y al final llegué a Móstoles y toqué al timbre y te dije "abre".
Porque me hiciste unos espaguetis horribles de malos para comer y dejaste que te obligara a comértelos en la encimera porque me daba vergüenza. Porque luego te regalé una servilleta que había manchado de tomate y sé que aún la tienes guardada.
Porque conocí a tus amigos con más pena que gloria y le regalé a Álvaro una caja de bombones, porque me llevaste al local de ensayo y a la vuelta pasé un miedo terrible con Pani en el coche. Porque pude mirar desde la ventana de tu habitación cómo nevaba.
Porque cenamos en un chino y yo pedí "arroz chino" y tú dijiste "teneis postres de esos to' guapos?", y me pediste salir y a mí me hizo gracia. Porque cuando nos dormimos te desperté para decirte "o dejas de roncar, o me das conversación, pero yo así no puedo vivir". Porque al día siguiente te dije que me iba al bar a desayunar porque necesitaba estar sola y tú lo entendiste.
Porque cuando me volví a Valencia tu hermana te dijo "joder, se te ha quedao una cara que no te la mereces", y porque en el autobús casi me quedo a medio camino por culpa de la nieve.
Porque se me ulceró la oreja de tanto hablar contigo por teléfono, y porque sabes que tengo un léxico superior al tuyo porque yo sé lo que es un "inmediato" y tú no. Porque cuando tenía que estudiar tu te quedabas en silencio al otro lado de la línea, oyéndome respirar y sin hacer nada más. Porque me aguantaste lo que no está escrito, y yo a ti otro tanto, cabrón.
Porque te pedí por activa y por pasiva que no vinieses en fallas y no me hiciste caso, porque te acabé dejando y porque fui a verte al hospital cuando te dio un ataque de ansiedad y todos tus amigos estaban allí mirando.
Porque la relación se enfrió un puñao y pasado un mes volví a verte en el Viña, y porque mejor no hablemos de lo que pasó después, pero no fue grato. Porque yo no quise saber nada más de ti, y tú te convertiste en un ser odioso que me hacía la vida un poco más difícil. Porque estuve un año sin hablarte, y fui a Madrid y no te lo dije, pero te enteraste, y tú viniste a Valencia y me mandaste un mensaje, y de tan pesao que fuiste volví a aceptarte en mi vida.
Porque cuando aprobaste el carnet de conducir lo celebraste metiéndote por prohibida, y porque antes de tener el todoterreno ibas con un kadet y una cinta de Ska-p, y no sólo eso, sino que además me lo contabas y así nos reíamos todos. Porque entiendes la hecatombe que supone mi menstruación.
Porque me acuerdo de ti todos los días un rato, y todos los días me preguntas cómo estoy, y me aguantas la rabia, la ira y los llantos. Porque sé que aunque no es agradable, escuchas lo que tengo que decirte de otros hombres con estoica elegancia, y me pides que te pase fotos de ellos para sacarles defectos. Porque te digo "buah, hoy he comido un huevo" y tú me dices "joder, pos come algo más" y te quedas tan ancho. Porque a ti te parezco lo mismo de guapa morena, pelirroja, rubia, recién levantada, maquillada, vestida o desnuda. Porque cuando me siento mierda te pido que me digas cosas bonitas y tú me dices que nunca nadie en el mundo va a estar a mi altura.
Porque una vez te dije "si sigo soltera a los 40, me iré a vivir contigo aunque estés casado y tengas hijos, pero no sé si tu mujer llevará muy bien que en su casa se haga lo que yo diga", y tú me contestaste "tendrá que hacerse a la idea o dejarme". Porque vives convencido de que estoy por encima del resto de los mortales, porque me haces sentir que merezco la pena, porque te hago rabiar y te dejas, porque sólo me has gritado una vez desde que nos conocemos, porque eres único en tu especie, porque yo creo que me quieres más que nadie, porque me basta con hablarte para sentirme medio bien.
Porque fuiste un novio discutible, un ex deleznable, y porque ahora eres mi mejor amigo. No sé, nano, algo tendrás para que siga admirándote después de tantos millones de años. ¿Será tu bigote?
Felices 23, Iván.
Porque viniste a buscarme a Valencia y me hiciste ir a recogerte sola y a las doce de la noche a la estación de autobuses, y luego fuimos al Cedro y tampoco me hablaste nada de nada, pero me dejaste fumarme un porro tras otro y me escuchaste paciente hablar sin parar sobre todo lo concerniente a mi vida. Porque tú cogiste el taxi primero.
Porque luego no recuerdo qué pasó pero dejamos de hablarnos un tiempo, y porque fuiste una puta pesadilla de persona que no paró de darme el coñazo volví a tener contacto contigo, y luego fui a verte, y me metiste en tu casa, y me presentaste a tu padre, tu hermana, tu abuela, su gata, tu madre y tus amigos. Porque tuve los cojones de convencerte de que no vinieras a buscarme a la estación, de que yo sóla en Madrid sería capaz de encontrar tu casa. Porque cogí el metro, el tren y el autobús, y al final llegué a Móstoles y toqué al timbre y te dije "abre".
Porque me hiciste unos espaguetis horribles de malos para comer y dejaste que te obligara a comértelos en la encimera porque me daba vergüenza. Porque luego te regalé una servilleta que había manchado de tomate y sé que aún la tienes guardada.
Porque conocí a tus amigos con más pena que gloria y le regalé a Álvaro una caja de bombones, porque me llevaste al local de ensayo y a la vuelta pasé un miedo terrible con Pani en el coche. Porque pude mirar desde la ventana de tu habitación cómo nevaba.
Porque cenamos en un chino y yo pedí "arroz chino" y tú dijiste "teneis postres de esos to' guapos?", y me pediste salir y a mí me hizo gracia. Porque cuando nos dormimos te desperté para decirte "o dejas de roncar, o me das conversación, pero yo así no puedo vivir". Porque al día siguiente te dije que me iba al bar a desayunar porque necesitaba estar sola y tú lo entendiste.
Porque cuando me volví a Valencia tu hermana te dijo "joder, se te ha quedao una cara que no te la mereces", y porque en el autobús casi me quedo a medio camino por culpa de la nieve.
Porque se me ulceró la oreja de tanto hablar contigo por teléfono, y porque sabes que tengo un léxico superior al tuyo porque yo sé lo que es un "inmediato" y tú no. Porque cuando tenía que estudiar tu te quedabas en silencio al otro lado de la línea, oyéndome respirar y sin hacer nada más. Porque me aguantaste lo que no está escrito, y yo a ti otro tanto, cabrón.
Porque te pedí por activa y por pasiva que no vinieses en fallas y no me hiciste caso, porque te acabé dejando y porque fui a verte al hospital cuando te dio un ataque de ansiedad y todos tus amigos estaban allí mirando.
Porque la relación se enfrió un puñao y pasado un mes volví a verte en el Viña, y porque mejor no hablemos de lo que pasó después, pero no fue grato. Porque yo no quise saber nada más de ti, y tú te convertiste en un ser odioso que me hacía la vida un poco más difícil. Porque estuve un año sin hablarte, y fui a Madrid y no te lo dije, pero te enteraste, y tú viniste a Valencia y me mandaste un mensaje, y de tan pesao que fuiste volví a aceptarte en mi vida.
Porque cuando aprobaste el carnet de conducir lo celebraste metiéndote por prohibida, y porque antes de tener el todoterreno ibas con un kadet y una cinta de Ska-p, y no sólo eso, sino que además me lo contabas y así nos reíamos todos. Porque entiendes la hecatombe que supone mi menstruación.
Porque me acuerdo de ti todos los días un rato, y todos los días me preguntas cómo estoy, y me aguantas la rabia, la ira y los llantos. Porque sé que aunque no es agradable, escuchas lo que tengo que decirte de otros hombres con estoica elegancia, y me pides que te pase fotos de ellos para sacarles defectos. Porque te digo "buah, hoy he comido un huevo" y tú me dices "joder, pos come algo más" y te quedas tan ancho. Porque a ti te parezco lo mismo de guapa morena, pelirroja, rubia, recién levantada, maquillada, vestida o desnuda. Porque cuando me siento mierda te pido que me digas cosas bonitas y tú me dices que nunca nadie en el mundo va a estar a mi altura.
Porque una vez te dije "si sigo soltera a los 40, me iré a vivir contigo aunque estés casado y tengas hijos, pero no sé si tu mujer llevará muy bien que en su casa se haga lo que yo diga", y tú me contestaste "tendrá que hacerse a la idea o dejarme". Porque vives convencido de que estoy por encima del resto de los mortales, porque me haces sentir que merezco la pena, porque te hago rabiar y te dejas, porque sólo me has gritado una vez desde que nos conocemos, porque eres único en tu especie, porque yo creo que me quieres más que nadie, porque me basta con hablarte para sentirme medio bien.
Porque fuiste un novio discutible, un ex deleznable, y porque ahora eres mi mejor amigo. No sé, nano, algo tendrás para que siga admirándote después de tantos millones de años. ¿Será tu bigote?
Felices 23, Iván.
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