domingo, 9 de diciembre de 2007

Cuestión de histocompatibilidad.

...Nunca pensamos que fuera a acabar, y hoy, cómo pudo empezar...


Es como tener la voz de la piba de Liquid Sun en un constante ronronear de cabeza. Algo que te atraviesa las sienes hasta el punto de sentir que tu bulbo raquideo está a tres segundos de reventar y de salpicar a todo lo que te rodea, manchando a diestro y siniestro, sin mirar dónde se apunta, pero haciendo el mayor daño posible o, al menos, intentándolo. Lo mejor es cuando la lías, y después, en lugar de remordimientos de conciencia, te entra la risa. Eso te suena, ¿verdad?

Es como cuando sientes mi vello púbico rozando tu pierna, y luego suena el despertador y salgo corriendo de la cama porque llego tarde a cualquier sitio, y no nos da tiempo a nada más. Son las gotas de miel que se te cayeron de la boca al balbucear que ya no me querías, y es la falta de reacción, o de interés, quién sabe, por mi parte para intentar recogerlas.

Es sujetarte las manos con fuerza para intentar estornudarte en la cara, o decirte "ahora vengo, que me estoy cagando", es superar el sonarme los mocos, o la cumbre de la escatología en la que tan agusto me balanceo, y enseñarte la comida que tengo en la boca justo después de masticarla, o pedirte que me limpies después de mear. Y sobre todo es que tú quieras hacerlo.

Es dormirme en el sofá y que tú me lleves en brazos a la cama, o que ocurra al revés y que al intentar levantarte nos demos la gran hostia, y tu te abras la cabeza contra la mesa de cristal y yo te ponga la mano en la herida y no me preocupe que puedas tener Hepatitis o Sida.
Es simplemente el hecho de que me matas, pero sin ti me muero, y es el suspiro abrupto de una grieta en el techo por donde se cuelan todas tus cucarachas.

Es querer hacer crepes contigo a las tres de la mañana, o las ansias de tirarte un puñado de arena a los ojos. Es tener pánico a oír cualquier palabra que empiece por "R", y la fobia y el nerviosismo del cuadro imaginario de conocer a tu madre. Y el sonido entrecortado de la voz de tu padre diciendo "¿esa es mi nuera?". Es querer asesinarte con mis manos y a la vez querer acabar con todo lo que pueda hacerte daño.

Es lo estúpido que tiene el contestar a una pregunta con un "porque sí, y punto", y es el hecho de que yo hago eso constantemente, pero a mí me queda bien. Y es montarme yo sola la fiesta y que luego suceda lo mismo que en la última escena de La Naranja Mecánica. O el temblor que me entra al pensar que cuando te conocí no me maquillaba, y ahora sí lo hago.

Es pensar que no sabes de la misa la media, y que en algún momento eso deja de importar. Es una canción de Malos Vicios a destiempo, y una rápida contraposición del Ferreiro, en una mezcla que para uno de los dos será diarreica. O... o yo qué sé, que vayamos a un karaoke a hacer de Pimpinela, me da lo mismo.

Es una foto que te encoge el estómago al verla, y que incluso puede llegarte a marear. Es esa frase certera que se te clava en la nuez al oirla. Es el enorme problema que supone el hecho de no saber quién debe aceptar a quién, y es decir "por mis muertos que yo no doy el brazo a torcer". Es complicado, es la mezcla de "o eso, o nada" y pensar a la vez que aunque tú no puedes darme eso, es "o tú, o nada".

Es darse trescientos cabezazos contra el tablero del escritorio, y oír a mis amigos repetir una y otra vez "deja de pensar de una puta vez que la culpa ha sido tuya, porque no es así". Es desglosar y esclarecer, que si no ha sido mía, ha sido tuya. ¿Tú te sientes culpable? Yo sí, a todas horas, joder.

Es tu reflejo en la laca roja de mis uñas, y lo que sientes cuando te rasco la barbilla. Es reconocer sin pudor que le tienes vicio a una puta mierda de canción, es complicidad ciega, un castigo ejemplar y no caber en un ascensor. Es tener que recorrer la avenida más larga del mundo. Es arder en el puto infierno, y la droga resbalando por mi garganta para intentar no recordarte. Es veneno y caramelo, y saber que está todo muerto y no poder hacer nada para sentir alivio, ni siquiera partirte la cabeza a palazos.

Eso es todo lo que aún sigo sintiendo por ti.




Que ya, que ya, que soy una grandísima hija de puta, ¿y tú? ¿a qué te dedicas?

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