sábado, 10 de noviembre de 2007

Suiza ' 07 (Anecdotarium gráfico II)


Vamos a partir de la base de que Berna es una ciudad con tres calles. Es que no tiene más, 1, 2, 3, calles, y para de contar. Pero vargame si son largas las muy putas... pero kilométricas, colega. Pues nada, el DÍA MALDITO comienza después de desayunar caminando de arriba a abajo por una de esas calles, buscando una jodida oficina de información de turismo. Porque amigos, será una capital de país, pero es que allí no hay na' que rascar. Total, que de camino, y tras encontrarnos seiscientas veinticinco veces con un hombre (a mi parecer, con el poder de la omnipresencia) que intentaba vendernos cosas dulces, y de hacernos 8935793857984676234874687235 fotos en el puto puente ese, porque hay que ver el vicio que tiene Soledad a hacerle fotos a los puentes. Puente que ve, puente al que le hace foto, es increíble. Debe tener un gen recesivo o algo que hace que en su interior se active un mecanismo de acción que lleve impulsos eléctricos a sus músculos para darle al botón de la cámara cada vez que ve un puente. Bueno, que me lío... total, que después de setecientas horas caminando en línea recta, llegamos a la oficina de turismo. Y cual es nuestra sorpresa cuando nos encontramos con...

... un foso con dos osos como dos soles, señores. Y es muy lógico si pensamos que el nombre de la ciudad "Berna", viene de "Bear". En fin, que aquí sí que hay osos, y no como en el parque del Retiro de Madrid, como algunos me quieren hacer creer.



¿Y los osos qué hacen?







Pues oseces, qué van a hacer? (Por cierto, Soledad les hizo un book de fotos a los dos osos que ya querrían las de Super modelo tener uno que fuera la mitad de abundante)




Cual fue nuestra sorpresa al descubrir que tras años caminando la oficina de turismo iba a estar cerrada. Después de llorar lágrimas de sangre como puños de grandes, concluimos en que teníamos dos opciones: desandar lo andado y algo más para ir a la otra oficina, que estaba a tres mil años luz, o turistear por nuestra cuenta. Somos valientes, señores, ahí que nos fuimos las dos cogidas de la mano a ver qué maravillas nos ofrecía la ciudad. Y tras bajar dos millones de escaleras, y subir otras tantas, encontramos una iglesia que era previteriana lo menos, y én ella sólo encontramos una cristalera y a una mujer tocándo el órgano. A mí se me reconoce a la izquierda por la franja naranja del gorro, a Soledad porque llegados a este punto ya había perdido el respeto por todo lo humano y lo divino.


Y seguimos andando y andado, y andamos un poco más, and walking, and walking, and walking... y Soledad vio un puente y dijo "Ficat ahí que vaig a fer-te una foto". Yo realmente, entre el inglés pa' comunicarme con el mundo, el valenciano con Soledad, el castellano que hablábamos con algunos individuos marcados con estrella, y lo poquísimo que aprendimos a chapurrear en alemán, ya no sabía ni en qué idioma hablaba. Era una cosa rollo "Dame un mocador, please, danke". Por cierto, creo que no tengo alma y tal, en las fotos sólo me sale el pelo y el gorro.





Los niveles de glucosa que nos llegaban a los neurotransmisores empezaron a escasear de manera alarmante, por eso nos hicimos una foto a los pies. Es obvio quien es la dueña de cada pezuña y tal. Lo que se ve al fondo de la foto de la derecha es el Zyglogge, se supone que es un reloj famosisímo de Suiza y tal. Realmente es lo único que tiene Berna "Y qué es lo qué más te ha gustado de Berna?" "Pues el reloj, está claro". Hay que decir que tenemos ochocientas fotos en todas las posiciones y desde todos los ángulos de ese reloj. Bueno, total, que nos pusimos a buscar la casa museo de Einstein... y estás que la encontrábamos. Pero ni de coña, vamos. Para arriba, para abajo, dando vueltas, amunt, avall, a dreta i esquerra... fatal, nenes, fatal. Hasta que por fin una mujerzuela muy sabia nos acompañó hasta la puerta, subimos las escaleras y... tras diez horas buscando el museo y una vez a tres centímetros de verlo, decidimos que nos sudaba el culo y que pasábamos de verlo. (A todo esto, Soledad no es más alta que yo, es que llevaba tacones. He dicho).










Pasaron los meses y nos encontramos con la catedral de la ciudad. Muy bonita, muy grande y muy cerrada. Y mientras Soledad hacía fotos yo parecía una vulgar pordiosera sentada en tol medio de la plaza, esperando que algún halo de luz me iluminara y me indicara el camino más corto de vuelta a un lugar con más de tres cosas.







Después caminamos un poco más, y llegamos como a una plaza que aquello debía ser el Bronx lo menos, nada más llegar nos empezaron a atosigar con si teníamos marihuana para pasar. Pero tú nos has echao un ojo, mante? si parecemos ángeles caídos del cielo. Total, que entre que teníamos miedo de que nos atracaran y como que ya nos daba un poco lo mismo. Lo único, no me quiten el gorro que tengo frío. Así que en una de esas vimos un puente y pum... FOTO!







Luego llegamos a otra especie de plaza, y nos subimos en un oso de piedra para tener un bonito recuerdo del lugar (en la foto no se aprecia que es un oso, pero sé que teneis fe ciega en mí y me creeis). Casi me estozolo ampliamente subiendo al puto oso de los cojones. Al lado había un tablero de ajedrez con las piezas de plástico que se podían mover al antojo del consumidor. Yo flipaba toda mi vida, estás que pones un ajedrez de esos en mi pueblo y permanece intacto. Fijo que pasados quince minutos, a la mitad de las fichas las han atracado, y la otra mitad ha sido secuestrada. Vino una chavalita dominicana con una amiga suya a hacernos una encuesta sobre Berna porque estaba haciendo un proyecto para clase, y ahí es cuando yo empecé a despotricar "Aquí no hay na' que rascar, la gente está apollardá, son muy fríos aunque amables y tienen un nivel cultural alto aunque la ciudad carece de sitios culturales y bloblobloblobloblo, blobloblo, bloblbolboboblboblblbdjfhkjgthkjewhgtewuyrjkhfjkghuiweiwqkjhtguiw" y la pobre chavalita ahí apuntando lo que decía y dando fe... y yo que seguía a lo mío "BLOBLOBLABALABALABALBAALABALHWFJWFHUHEWJFJHJBEW" .... Ah... se siente, haber elegido a otra turista.

En el próximo fascículo os seguiré narrando la trayectoria de EL DÍA MALDITO, visita al museo incluida, y odisea a la hora de comer. Lo mejor está por llegar...

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