lunes, 8 de octubre de 2007

Me llaman octubre (Prógolo)

Dame el color de tu cerebro
y repíteme los versos que llevaban intención,
los que declamaste cuando yo quería ganar un Óscar.
No recuerdo nada más.

Esto era más divertido cuando no tenía ganas de llorar,
pero los jueves yo tiro hacia adelante
si las botas me quedan justo bajo las rodillas
y la falda es demasiado corta para poder sentarme.

Me queda una cajita con recuerdos
y una goma que midiéndome el pulso
quema la piel de mis muñecas
cada vez que cedo.

A veces se me olvida el mecanismo de acción que me lleva a correr
y me pongo triste y te cojo de la mano en mi cabeza
pero no quiero explicar nada más,
sólo pretendo tener presente todas tus súplicas.

Y forraré un libro con tu cuero cabelludo
le prenderé fuego a todas esas cosas
que ya no sé ni pronunciar
y me iré dando saltitos con una cesta de mimbre.

Supongo que todas esas cosas,
las de las repúblicas independientes, ya sabes,
no son más que una moda.
Personalmente, yo era incapaz de comprender lo que decían.

Ahí ya vamos 3-1
y nunca me gustó sudar
así que voy a montar en la abeja que encontré en la playa
o quizás me ponga pedo y maree al chico de los ojos verdes.

Pero lo que está claro
la conclusión que puede extraerse de todo esto
es que quiero comerme
los restos que te quedan entre los dientes.

Aunque entre ceja y ceja
ya tengo un objetivo
que me mira
y tiene miedo.


Yo también, pero menos.

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