domingo, 23 de septiembre de 2007

Quemar contenedores.

Se hace pequeño el mundo que me rodea, y entre ceja y ceja aún tengo una obsesión, que ya sólo importa cuando llego de madrugada borracha a casa. Suerte que, para entonces, lo más que alcanzo a hacer es caer en la cama e intentar evitar soñar.

Y yo es que bebo ron como un pirata, y todo lo demás, la bioquímica, las subidas de tensión, el temblor de piernas, la conexión cerebral intraespecífica, la sangre en ebullición, no sé, todo eso en general, sabes? En fin, no me creo nada. Es una burda falacia, algo que no va más allá de una sensación física. Puro y puto sentimiento visceral carente de cualquier marca de raciocinio. Así no se puede vivir.

Anoche, entre tumbos y conversaciones sobre la de cantidad de cosas que desconozco que se pueden encontrar en Suiza, esclarecí que probablemente espero demasiado de la gente, que sistematicamente tiendo a pensar que todo el mundo es genial, mientras que lo que debería hacer es desglosar, y convencerme de que hay personas mejores que otras. Intentar entender que sí, que las hay tremendas sueltas por el mundo, pero esa no es la norma general.

Quiero decir, es tan sencillo como tener claro que de donde no hay, no se puede sacar, por tanto, si hay gente de 25 años que me resulta terriblemente decepcionante, qué puedo esperar de una persona de 16, o de 20, o de 22... Me di cuenta de que la culpa era mía, y con esto no pretendo mirar con ojos narcisos al resto del planeta, simplemente, al comprenderlo, mi desasosiego, mis dudas, mi rabia, y todo lo que se pueda relacionar con el cuestionarse la integridad moral de una persona, pasaron a convertirse en ternura. Incluso me atrevería a decir que en lástima por aquellos que no dan más de sí.

Me importa poco que el tiempo ponga a cada uno en su sitio, no puede juzgarse con las mismas leyes a Cañita Brava y a Marie Curie, no sería justo.


...No suelo pensar que los demás teman por mí,
alomejor supones que soy un animal,
no más silvestre que esta piedra,
que mi enojo el día
que yo vi lo miserable que podías ser, lo miserable...
No suelo pensar que los demás me entienden ni un momento,
y una vez que empiezo a hablar,
mis vomitonas me convierten en una descarada.
Sí, tienes razón, es complicado mantener el tipo en cualquier situación,
ya ves, yo sobrevivo a base de basura y desencuentro,
no podrás decir que no te dije lo que había un día, en su momento.
Mírate bien, estás inflado de mediocridad...

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