No consigo comprender por qué existe gente que se dedica a hacerle fotos a las plantas de marihuana que ha cultivado. ¿Es para conectarse al messenger y pasarle la foto a la gente? Quiero decir ¿qué interés puede tener eso? Ya sabes... es como... "a mí qué cojones me importará que tengas plantada marihuana? qué te hace pensar qué puede llegar a interesarme una puta mierda? qué procesos físico y mental habrá exprerimentado tú cuerpo para llegar al momento exacto en el que tienes esa idea mística de hacerle una foto a un hierbajo para enseñárselo al personal?" eres acaso un iluminado?
Es como si yo fuera pasando la foto del geranio que tengo en el balcón, entiendes? qué pensarías de mí en esos momentos?
Y, yendo más allá aún, qué espera esa gente que les diga cuando me llega la foto? "joder, tron, ya te pasarás un poco"? o... "buah, qué cabrón, te las sabes todas"? A mí sólo me sale decir "Y na'... y eso..."
Es todo un ciclo.
domingo, 30 de septiembre de 2007
sábado, 29 de septiembre de 2007
domingo, 23 de septiembre de 2007
Abubububububububu oe! oe!
Hay un ciclo rosa chicle rodeando un escuadrón de caballos de alquitrán. Cuando se ponen en formación consiguen crear una nube, pero desprecio las cosas que siguen un orden.
Hay dos chicos en el suelo inflándose a hostias, carezco de agua para poder separarlos, así que me lío a patadas y que gane el mejor, o el que corra más rápido.
Si hago balance empiezan a quemarme las manos y soy incapaz de alcanzar la sombra del perseguido. Tengo miedo de verle la cara, tengo miedo. Tengo miedo de no volver a verle la cara. Tengo una contraposición importante de sentimientos. Tengo, tengo, tengo, tú no tienes nada...
Adivino que la culpa de todo lo que pasa en el mundo es mía, y concluyo después que me importa tres cojones que le dé una embolia, o que un grupo de nazis lo pille en el Mestalla y le revienten la cabeza a palazos. O que alguna fulana le contagie la sífilis y muera tras una larga agonía habiéndose quedado ciego y sólo como un topo en un solar. O no, o le quiero mucho y le deseo lo mejor en la vida. Me da lo mismo una cosa que la otra, la verdad.
Me he apuntado al equipo de Baseball femenino. Es una amenaza.
Hay dos chicos en el suelo inflándose a hostias, carezco de agua para poder separarlos, así que me lío a patadas y que gane el mejor, o el que corra más rápido.
Si hago balance empiezan a quemarme las manos y soy incapaz de alcanzar la sombra del perseguido. Tengo miedo de verle la cara, tengo miedo. Tengo miedo de no volver a verle la cara. Tengo una contraposición importante de sentimientos. Tengo, tengo, tengo, tú no tienes nada...
Adivino que la culpa de todo lo que pasa en el mundo es mía, y concluyo después que me importa tres cojones que le dé una embolia, o que un grupo de nazis lo pille en el Mestalla y le revienten la cabeza a palazos. O que alguna fulana le contagie la sífilis y muera tras una larga agonía habiéndose quedado ciego y sólo como un topo en un solar. O no, o le quiero mucho y le deseo lo mejor en la vida. Me da lo mismo una cosa que la otra, la verdad.
Me he apuntado al equipo de Baseball femenino. Es una amenaza.
Con la conciencia tranquila.
Seiscientas casas verde oscuro
Me amenazan de muerte en cada esquina
Yo sólo quiero huir de los delfines muertos
E irme más lejos aún de los que quedan vivos.
Un gato manchado me saca las uñas
Le falta un ojo,
El otro, me lo está guiñando,
Creo que es la reencarnación de una madre muerta.
Suena en el teléfono aquella canción
Pero me ensimisma la idea del tentáculo de un pulpo violeta
Y además
No me da la gana descolgar.
Hay una abuela en cada esquina
Esto no es normal
Quizás sean de la mafia del diente de leche
Creo que lo mejor será salir corriendo.
Voy a llamarte, me cago de miedo
“ven a por mí, cielo, esto es muy raro,
estoy en peligro, alguien me acecha,
creo que quieren empujarme por las escaleras”.
Se me ha cortado la respiración
Tengo los labios blancos
Te he oído decirme que no vienes,
Que estás ocupado.
¿Pero qué invento es este?
¿a qué estás jugando?
Yo aquí muriéndome
Y tú tan campancho. (jrojro)
Me están tocando el hombro
No sé si girarme...
Bueno va,
Dios... es Spiderman.
Me pide un imperdible
Yo discrepo de su nueva condición de punky
Aunque ahora que le miro de cerca
Tiene una cara de costra increíble.
“Peter Parker, eres el amor de mi vida”
le grito a pulmón,
“Soy un tipo rudo, nena, y tú eres la tía perfecta,
¿quieres casarte conmigo?”
Pero entonces yo noto
Que va a lo que va
Y que a parte de intentar meterme el pijo
No quiere nada más.
Así que prefiero salir corriendo
Y que me rapte una vieja
Por lo menos veré la decadencia de mi déficit de cariño,
Sabido es por todos que una abuela siempre te va a cuidar.
Estoy hasta la polla de mi novio
Que nunca viene a rescatarme
Y de esos amantes valientes
Que sólo quieren follarme
Así que no sé
Creo que voy a mutar
Y a convertirme en...
Lagarto coronado con la capacidad de andar sobre las aguas.
...la noche que conocí a Cupido, él estaba borracho...
Me amenazan de muerte en cada esquina
Yo sólo quiero huir de los delfines muertos
E irme más lejos aún de los que quedan vivos.
Un gato manchado me saca las uñas
Le falta un ojo,
El otro, me lo está guiñando,
Creo que es la reencarnación de una madre muerta.
Suena en el teléfono aquella canción
Pero me ensimisma la idea del tentáculo de un pulpo violeta
Y además
No me da la gana descolgar.
Hay una abuela en cada esquina
Esto no es normal
Quizás sean de la mafia del diente de leche
Creo que lo mejor será salir corriendo.
Voy a llamarte, me cago de miedo
“ven a por mí, cielo, esto es muy raro,
estoy en peligro, alguien me acecha,
creo que quieren empujarme por las escaleras”.
Se me ha cortado la respiración
Tengo los labios blancos
Te he oído decirme que no vienes,
Que estás ocupado.
¿Pero qué invento es este?
¿a qué estás jugando?
Yo aquí muriéndome
Y tú tan campancho. (jrojro)
Me están tocando el hombro
No sé si girarme...
Bueno va,
Dios... es Spiderman.
Me pide un imperdible
Yo discrepo de su nueva condición de punky
Aunque ahora que le miro de cerca
Tiene una cara de costra increíble.
“Peter Parker, eres el amor de mi vida”
le grito a pulmón,
“Soy un tipo rudo, nena, y tú eres la tía perfecta,
¿quieres casarte conmigo?”
Pero entonces yo noto
Que va a lo que va
Y que a parte de intentar meterme el pijo
No quiere nada más.
Así que prefiero salir corriendo
Y que me rapte una vieja
Por lo menos veré la decadencia de mi déficit de cariño,
Sabido es por todos que una abuela siempre te va a cuidar.
Estoy hasta la polla de mi novio
Que nunca viene a rescatarme
Y de esos amantes valientes
Que sólo quieren follarme
Así que no sé
Creo que voy a mutar
Y a convertirme en...
Lagarto coronado con la capacidad de andar sobre las aguas.
...la noche que conocí a Cupido, él estaba borracho...
Quemar contenedores.
Se hace pequeño el mundo que me rodea, y entre ceja y ceja aún tengo una obsesión, que ya sólo importa cuando llego de madrugada borracha a casa. Suerte que, para entonces, lo más que alcanzo a hacer es caer en la cama e intentar evitar soñar.
Y yo es que bebo ron como un pirata, y todo lo demás, la bioquímica, las subidas de tensión, el temblor de piernas, la conexión cerebral intraespecífica, la sangre en ebullición, no sé, todo eso en general, sabes? En fin, no me creo nada. Es una burda falacia, algo que no va más allá de una sensación física. Puro y puto sentimiento visceral carente de cualquier marca de raciocinio. Así no se puede vivir.
Anoche, entre tumbos y conversaciones sobre la de cantidad de cosas que desconozco que se pueden encontrar en Suiza, esclarecí que probablemente espero demasiado de la gente, que sistematicamente tiendo a pensar que todo el mundo es genial, mientras que lo que debería hacer es desglosar, y convencerme de que hay personas mejores que otras. Intentar entender que sí, que las hay tremendas sueltas por el mundo, pero esa no es la norma general.
Quiero decir, es tan sencillo como tener claro que de donde no hay, no se puede sacar, por tanto, si hay gente de 25 años que me resulta terriblemente decepcionante, qué puedo esperar de una persona de 16, o de 20, o de 22... Me di cuenta de que la culpa era mía, y con esto no pretendo mirar con ojos narcisos al resto del planeta, simplemente, al comprenderlo, mi desasosiego, mis dudas, mi rabia, y todo lo que se pueda relacionar con el cuestionarse la integridad moral de una persona, pasaron a convertirse en ternura. Incluso me atrevería a decir que en lástima por aquellos que no dan más de sí.
Me importa poco que el tiempo ponga a cada uno en su sitio, no puede juzgarse con las mismas leyes a Cañita Brava y a Marie Curie, no sería justo.
...No suelo pensar que los demás teman por mí,
alomejor supones que soy un animal,
no más silvestre que esta piedra,
que mi enojo el día
que yo vi lo miserable que podías ser, lo miserable...
No suelo pensar que los demás me entienden ni un momento,
y una vez que empiezo a hablar,
mis vomitonas me convierten en una descarada.
Sí, tienes razón, es complicado mantener el tipo en cualquier situación,
ya ves, yo sobrevivo a base de basura y desencuentro,
no podrás decir que no te dije lo que había un día, en su momento.
Mírate bien, estás inflado de mediocridad...
Y yo es que bebo ron como un pirata, y todo lo demás, la bioquímica, las subidas de tensión, el temblor de piernas, la conexión cerebral intraespecífica, la sangre en ebullición, no sé, todo eso en general, sabes? En fin, no me creo nada. Es una burda falacia, algo que no va más allá de una sensación física. Puro y puto sentimiento visceral carente de cualquier marca de raciocinio. Así no se puede vivir.
Anoche, entre tumbos y conversaciones sobre la de cantidad de cosas que desconozco que se pueden encontrar en Suiza, esclarecí que probablemente espero demasiado de la gente, que sistematicamente tiendo a pensar que todo el mundo es genial, mientras que lo que debería hacer es desglosar, y convencerme de que hay personas mejores que otras. Intentar entender que sí, que las hay tremendas sueltas por el mundo, pero esa no es la norma general.
Quiero decir, es tan sencillo como tener claro que de donde no hay, no se puede sacar, por tanto, si hay gente de 25 años que me resulta terriblemente decepcionante, qué puedo esperar de una persona de 16, o de 20, o de 22... Me di cuenta de que la culpa era mía, y con esto no pretendo mirar con ojos narcisos al resto del planeta, simplemente, al comprenderlo, mi desasosiego, mis dudas, mi rabia, y todo lo que se pueda relacionar con el cuestionarse la integridad moral de una persona, pasaron a convertirse en ternura. Incluso me atrevería a decir que en lástima por aquellos que no dan más de sí.
Me importa poco que el tiempo ponga a cada uno en su sitio, no puede juzgarse con las mismas leyes a Cañita Brava y a Marie Curie, no sería justo.
...No suelo pensar que los demás teman por mí,
alomejor supones que soy un animal,
no más silvestre que esta piedra,
que mi enojo el día
que yo vi lo miserable que podías ser, lo miserable...
No suelo pensar que los demás me entienden ni un momento,
y una vez que empiezo a hablar,
mis vomitonas me convierten en una descarada.
Sí, tienes razón, es complicado mantener el tipo en cualquier situación,
ya ves, yo sobrevivo a base de basura y desencuentro,
no podrás decir que no te dije lo que había un día, en su momento.
Mírate bien, estás inflado de mediocridad...
sábado, 22 de septiembre de 2007
Crónica
...no todos son tan malos, no todo está mal, no todos son villanos queriéndome matar, no todo está perdido, ni se va a acabar, la vida es un picnic...
Redéu, com m'agrada marejar al personal...
Al salir del metro, Paz sufrió una hiperoxigenación cerebral que le llevó a partirse el culo incluso con angustia. Y yo jugué a ser portero de discoteca, y le prohibí el paso a millones de personas que se atrevieron a venir con zapatillas. Lástima no haber visto ningún chándal de táctel, eso sí hubiera sido divertido.
Un tipo me rapeó una canción, últimamente todo el mundo me rapea, y mientras lo hacía esputaba saliva a una velocidad espasmódica, pero como estaba lloviendo no le di importancia. También hice de madre, y aconsejé desinteresadamente que la gente no saliera a la calle sin paraguas, porque luego vienen los resfriados y la seguridad social se colapsa. Es todo un ciclo.
Obligué a un par de personas a jugar a mosca, y a otros tantos a participar en un concurso de dibujo cuya temática era el Fary. Ganó el más grande de todos, y para celebrarlo me cogió en brazos y me sacó del local. Acabamos los dos mojados hasta el alma, diluviaba, eso sí, me reí mucho. Luego le lesioné el brazo pegándole un puñetazo como premio por su victoria. "Eres agresiva y mandona" y yo le dije que sí, para qué negarlo. En fin, tampoco es que sea mandona, supongo que a todos nos gusta hacer las cosas a nuestra manera, aunque puede que a mí me guste más que a los demás. "Y también eres guapa", se agradece la apreciación, la rubia perfecta, que rezan los Canteca.
Cada vez que intentaba entrar o salir del local, un grupo de seis tíos pillaron por norma gritar y levantarme en volandas... era toda una aventura, incluso me atrevería a decir que entretenido, hasta que uno de ellos se pasó de listo y empezó a hacerme tonterías de índole sexual, por lo que tuve que sacar mi dedo índice y decirle, a la par que le señalaba con tremendos aires de grandeza, "no te pases un pelo, chaval", y sus amigos, curiosamente, me apoyaron y le pidieron que se estuviera quietecito. Es agradable saber que aún queda gente con cerebro en este país. Aunque poca.
Luego se apagó la música y se encendieron las luces, salimos a la calle y yo tenía mucho frío, Carlos, con el que jamás había tenido un contacto físico más allá de los dos besos, me abrazó. Es un amor de niño. Creo que es la persona más buena que hay sobre la faz de la tierra, en serio. Aunque tuve que insistirle otra vez en que se pusiera las gafas, porque con lentillas no le reconozco. También estaba Robe, otra pasada de tío. Nos llevó en el monovolumen hasta el siguiente pub, todo era partirnos el culo, nada tenía sentido. En serio, era un carro enorme, yo creo que sería como mi habitación mínimo, me sentía super pequeñita dentro de él. Vi la muerte cerca cuando Concha cruzó con su coche por delante de nosotros y casi nos estampamos. Así que hice lo que suelo hacer en esos casos: taparme la cara con las manos.
Cuando vi a Inma bajar del coche sentí una mezcla entre descojone interno e intensa ternura. Llevaba la falda arremangada por encima de las rodillas, y un sombrero de paja que le tapaba los ojos y para ver tenía que levantar mucho la cabeza. Intentaba también, en vano, ponerse una chaqueta que tenía una una manga del derecho y la otra del revés, con toda la cara de acabar de venir de una despedida de soltera.
Por lo demás, no sé, la noche siguió y tengo los recuerdos un poco mezclados, así que creo que será mejor que ni me esfuerce en conectarlos. Sé que esto no es lo que yo suelo escribir, que desentona con el resto de los textos que hay en el blog, pero anoche, no sé... me sentí tan bien, me sentí tan... yo...
...qué le voy a hacer si he vuelto a nacer con mi propia ley...
Redéu, com m'agrada marejar al personal...
Al salir del metro, Paz sufrió una hiperoxigenación cerebral que le llevó a partirse el culo incluso con angustia. Y yo jugué a ser portero de discoteca, y le prohibí el paso a millones de personas que se atrevieron a venir con zapatillas. Lástima no haber visto ningún chándal de táctel, eso sí hubiera sido divertido.
Un tipo me rapeó una canción, últimamente todo el mundo me rapea, y mientras lo hacía esputaba saliva a una velocidad espasmódica, pero como estaba lloviendo no le di importancia. También hice de madre, y aconsejé desinteresadamente que la gente no saliera a la calle sin paraguas, porque luego vienen los resfriados y la seguridad social se colapsa. Es todo un ciclo.
Obligué a un par de personas a jugar a mosca, y a otros tantos a participar en un concurso de dibujo cuya temática era el Fary. Ganó el más grande de todos, y para celebrarlo me cogió en brazos y me sacó del local. Acabamos los dos mojados hasta el alma, diluviaba, eso sí, me reí mucho. Luego le lesioné el brazo pegándole un puñetazo como premio por su victoria. "Eres agresiva y mandona" y yo le dije que sí, para qué negarlo. En fin, tampoco es que sea mandona, supongo que a todos nos gusta hacer las cosas a nuestra manera, aunque puede que a mí me guste más que a los demás. "Y también eres guapa", se agradece la apreciación, la rubia perfecta, que rezan los Canteca.
Cada vez que intentaba entrar o salir del local, un grupo de seis tíos pillaron por norma gritar y levantarme en volandas... era toda una aventura, incluso me atrevería a decir que entretenido, hasta que uno de ellos se pasó de listo y empezó a hacerme tonterías de índole sexual, por lo que tuve que sacar mi dedo índice y decirle, a la par que le señalaba con tremendos aires de grandeza, "no te pases un pelo, chaval", y sus amigos, curiosamente, me apoyaron y le pidieron que se estuviera quietecito. Es agradable saber que aún queda gente con cerebro en este país. Aunque poca.
Luego se apagó la música y se encendieron las luces, salimos a la calle y yo tenía mucho frío, Carlos, con el que jamás había tenido un contacto físico más allá de los dos besos, me abrazó. Es un amor de niño. Creo que es la persona más buena que hay sobre la faz de la tierra, en serio. Aunque tuve que insistirle otra vez en que se pusiera las gafas, porque con lentillas no le reconozco. También estaba Robe, otra pasada de tío. Nos llevó en el monovolumen hasta el siguiente pub, todo era partirnos el culo, nada tenía sentido. En serio, era un carro enorme, yo creo que sería como mi habitación mínimo, me sentía super pequeñita dentro de él. Vi la muerte cerca cuando Concha cruzó con su coche por delante de nosotros y casi nos estampamos. Así que hice lo que suelo hacer en esos casos: taparme la cara con las manos.
Cuando vi a Inma bajar del coche sentí una mezcla entre descojone interno e intensa ternura. Llevaba la falda arremangada por encima de las rodillas, y un sombrero de paja que le tapaba los ojos y para ver tenía que levantar mucho la cabeza. Intentaba también, en vano, ponerse una chaqueta que tenía una una manga del derecho y la otra del revés, con toda la cara de acabar de venir de una despedida de soltera.
Por lo demás, no sé, la noche siguió y tengo los recuerdos un poco mezclados, así que creo que será mejor que ni me esfuerce en conectarlos. Sé que esto no es lo que yo suelo escribir, que desentona con el resto de los textos que hay en el blog, pero anoche, no sé... me sentí tan bien, me sentí tan... yo...
...qué le voy a hacer si he vuelto a nacer con mi propia ley...
viernes, 21 de septiembre de 2007
¿A quién conoces?
Si yo me encuentro bien,
si tú también,
si no hay nada alrededor,
si no hay nada mejor,
¿por qué intentar disimular?
si no hay nada que ocultar.
Donde hay dos, sobran los demás.
No puede parar, no puede esperar,
y hay que cogerlo y dejar de pensarlo,
subirse o bajarse y dejar de esperarlo.
No sé qué es lo que hiciste ayer,
tal vez no lo quiero saber,
quizás no necesito más,
ya estoy donde quiero estar.
Y a mi qué más me da si les parece bien,
y qué más nos da,
siempre hay quien piensa que está mal.
Me da absolutamente igual!
Ya está, ya está, otra vez aquí,
ya llegó, ya llegó, y viene a por mí,
ya está, ya está, lo veo venir,
y esta vez, no me voy a mover de aquí.
Ya está, ya está.
Tenemos que crecer,
para que nos salga bien,
aunque nos pueda hundir,
nos puede hacer flotar,
no hay nada que temer,
no hay nada que perder,
no hay nada peor que aquello que pudo ser y nunca fue.
Actuar de forma natural,
saber dejarse llevar,
hablar claro y no mentir,
no sé qué puede salir mal.
Y a tí qué más te da si les parece bien
y qué más nos da,
siempre hay quien piensa que está mal.
Te da absolutamente igual.
Ya está, ya está, otra vez aquí,
ya llegó, ya llegó, y viene a por tí,
ya está, ya está, y lo ves venir,
y esta vez, no te vas a mover de aquí.
Ya está, ya está!
No hay pregunta que no puedas responder,
no hay respuesta que no puedas entender,
sin pensar por qué,
sin decir que no,
sólo estar aquí y hacer lo que es mejor.
Yo quiero ser el afortunao que estao a tu lao
cuando más lo has necesitao,
es parte de tí, es parte de mí,
lo hicimos los dos, y lo vamos a compartir.
Estoy aquí para mal o para bien,
confía en mí,
yo confiaré también.
Yo quiero ser el afortunao que esté a tu lao,
yo ya lo he pensado bien,
yo ya lo he pensado bien.
Yo ya lo he pensado bien...
Porque iba por el mundo,
andando, sin rumbo,
iba dando tumbos,
contando los segundos.
Y hoy, camino bajo el sol,
sé dónde estoy,
cada paso que doy me acerca a donde voy.
Iba por el mundo,
andando, sin rumbo,
iba dando tumbos,
contando los segundos.
Y hoy, camino bajo el sol,
sé dónde estoy,
cada paso que doy me enseña a ser quien soy.
Yo ya lo he pensado bien,
yo ya lo he pensado bien,
yo ya lo he pensado bien...
Dos, Superskunk.
¿Estaría de más, a estas alturas de la vida, que pusiera un teléfono de aludidos?
martes, 18 de septiembre de 2007
Tú puedes.
Eran las seis y media de la tarde cuando ella llegó al parque.
El reloj de la plaza sonó una única vez. Se hizo un hueco en el banco donde estábamos sentados, y no besó a nadie en la mejilla, ni si quiera dijo "hola", no nos saludó, nunca lo hacía.
Irrumpió en la conversación aportando mil puntos de vista e ideas neoprogresistas con un toque nazi motivadas por su tendencia a contemplar siempre todas las opciones posibles, y por ese gen recesivo de agresividad y violencia macabra que intentaba camuflar, pero que se le adivinaba tras haber cruzado dos palabras con ella.
- No puedes tejer un saco y meter a toda esa gente dentro.
- Te estoy hablando por pura experiencia, puedo tejer un saco, meter a toda esa gente dentro, y después rociarlo con gasolina y prenferle fuego.
- Quizás sólo has tenido mala suerte. ¿Crees que Mario haría lo mismo conmigo?
- Dale tiempo y me lo cuentas.
- Pero vamos a ver... ¿y tu padre?
- Otro que tal baila. Por cierto, estoy criando a una mosca epiléptica.
A veces hacía ese tipo de cosas. Supongo que su cerebro viajaba a demasiada velocidad y que su lengua no daba a basto para articular las palabras de todo lo que nos quería contar, así que entremezclaba las conversaciones. Eso era algo que me gustaba especialmente, la facilidad que tenía para cambiar de tema le conviniese o no. Era algo que hacía sin querer, sin darse cuenta, por eso se transformaba en algo aún más especial. No estoy seguro, pero a veces pensaba que estaba a dos segundos de enamorarme de ella.
- Quiero pipas.
- Ya salió la niña de los antojos.
- No es un antojo, es una necesidad vital.
- ¿Si no comes pipas ahora mismo te morirás?
- Por dentro, al menos.
- ¿Y si no las conseguimos?
- Pues correis el riesgo de perderme y de pasar el resto de vuestras vidas en un estado permanente de histeria y culpabilidad que os llevará a llorar a todas horas y a estiraros del pelo mientras gritais "POR QUÉ?!!?!? POR QUÉ NO LE DIMOS PIPAS CUANDO NOS LAS PIDIÓ?!?! POR QUÉ?!?!!? POR QUÉ NO ME LLEVASTE A MÍ, SEÑOR?!?!?!"
Así, del tirón, sin anestesia, y escenificando. No sabía hacer las cosas de otra manera. Era mordaz, y a veces llevaba las cosas tan al extremo y cambiaba tanto de actitud que llegué a pensar que padecía algún tipo de transtorno bipolar. Aborrecía las cosas normales, pero intentaba aprender de ellas. Intentaba aprender de todo.
Por contra, adoraba las sandeces con la fuerza del más ferviente devoto de la Virgen de la Cabeza. No le gustaba que entrásemos en su casa, así que nunca pude ver su habitación, pero imagino que debía ser una especie de museo de la extravagancia.
- ¿Vamos a ir el sábado al concierto?
- ¿Quién toca?
- No lo sé, entre mugre y chusta anda la cosa.
- No sé, ¿Tú quieres ir?
- Pues hay un par de salvedades que me hacen pensar que no, pero haciendo balance y tal, quiero ponerme pedo y bailar, así que supongo que sí.
- Pues entonces no vamos a ir.
- Calla, rufián.
- Nadaaaaaa, no vamos a ir. No vamos a salir el sábado.
- ¿Pero qué dices?
- No vamos a ir.
- Que sí.
- No.
- Que sí, y punto, y te callas.
- Vale, sí que vamos a ir, pero no te vamos a avisar.
- Pues te aburrirás sin mí, y encima lloverá, y morirás fulminado por un rayo.
- Ya, pero tú te quedarás el sábado en casa.
- Pero seguiré con vida.
- Pero yo tendré la muerte más feliz porque sabré que tú estás jodida.
- Cerdo leproso... dame un cigarro o te parto la cabeza.
Me encantaba hacerla rabiar. Aunque en tono jocoso, se defendía con unas ganas que le hacían rebosar pasión por cada poro. Todo, todo, absolutamente todo, lo hacía con pasión. Por eso cuando se enfadaba conmigo sabía que le había hecho daño de verdad, y cuando me daba las gracias por la más burda nimiedad, me hacía sentir que las notaba en cada letra que pronunciaba su garganta.
- Bueno, chavalería, una que se va.
- ¿Ya?
- Sí.
- Pero, ¿a dónde?
- A abortar.
- Que te sea leve.
- Gracias.
- ¿Bajas mañana?
- Supongo.
- Joder, qué mierda, tenía la esperanza de que dijeras que no.
- Pues igual tienes suerte y no vengo, quién sabe. En fin, nos vemos, adèu.
Nunca saludaba, pero siempre se despedía. Supongo que era por si acaso no la volvíamos a ver.
El reloj de la plaza sonó una única vez. Se hizo un hueco en el banco donde estábamos sentados, y no besó a nadie en la mejilla, ni si quiera dijo "hola", no nos saludó, nunca lo hacía.
Irrumpió en la conversación aportando mil puntos de vista e ideas neoprogresistas con un toque nazi motivadas por su tendencia a contemplar siempre todas las opciones posibles, y por ese gen recesivo de agresividad y violencia macabra que intentaba camuflar, pero que se le adivinaba tras haber cruzado dos palabras con ella.
- No puedes tejer un saco y meter a toda esa gente dentro.
- Te estoy hablando por pura experiencia, puedo tejer un saco, meter a toda esa gente dentro, y después rociarlo con gasolina y prenferle fuego.
- Quizás sólo has tenido mala suerte. ¿Crees que Mario haría lo mismo conmigo?
- Dale tiempo y me lo cuentas.
- Pero vamos a ver... ¿y tu padre?
- Otro que tal baila. Por cierto, estoy criando a una mosca epiléptica.
A veces hacía ese tipo de cosas. Supongo que su cerebro viajaba a demasiada velocidad y que su lengua no daba a basto para articular las palabras de todo lo que nos quería contar, así que entremezclaba las conversaciones. Eso era algo que me gustaba especialmente, la facilidad que tenía para cambiar de tema le conviniese o no. Era algo que hacía sin querer, sin darse cuenta, por eso se transformaba en algo aún más especial. No estoy seguro, pero a veces pensaba que estaba a dos segundos de enamorarme de ella.
- Quiero pipas.
- Ya salió la niña de los antojos.
- No es un antojo, es una necesidad vital.
- ¿Si no comes pipas ahora mismo te morirás?
- Por dentro, al menos.
- ¿Y si no las conseguimos?
- Pues correis el riesgo de perderme y de pasar el resto de vuestras vidas en un estado permanente de histeria y culpabilidad que os llevará a llorar a todas horas y a estiraros del pelo mientras gritais "POR QUÉ?!!?!? POR QUÉ NO LE DIMOS PIPAS CUANDO NOS LAS PIDIÓ?!?! POR QUÉ?!?!!? POR QUÉ NO ME LLEVASTE A MÍ, SEÑOR?!?!?!"
Así, del tirón, sin anestesia, y escenificando. No sabía hacer las cosas de otra manera. Era mordaz, y a veces llevaba las cosas tan al extremo y cambiaba tanto de actitud que llegué a pensar que padecía algún tipo de transtorno bipolar. Aborrecía las cosas normales, pero intentaba aprender de ellas. Intentaba aprender de todo.
Por contra, adoraba las sandeces con la fuerza del más ferviente devoto de la Virgen de la Cabeza. No le gustaba que entrásemos en su casa, así que nunca pude ver su habitación, pero imagino que debía ser una especie de museo de la extravagancia.
- ¿Vamos a ir el sábado al concierto?
- ¿Quién toca?
- No lo sé, entre mugre y chusta anda la cosa.
- No sé, ¿Tú quieres ir?
- Pues hay un par de salvedades que me hacen pensar que no, pero haciendo balance y tal, quiero ponerme pedo y bailar, así que supongo que sí.
- Pues entonces no vamos a ir.
- Calla, rufián.
- Nadaaaaaa, no vamos a ir. No vamos a salir el sábado.
- ¿Pero qué dices?
- No vamos a ir.
- Que sí.
- No.
- Que sí, y punto, y te callas.
- Vale, sí que vamos a ir, pero no te vamos a avisar.
- Pues te aburrirás sin mí, y encima lloverá, y morirás fulminado por un rayo.
- Ya, pero tú te quedarás el sábado en casa.
- Pero seguiré con vida.
- Pero yo tendré la muerte más feliz porque sabré que tú estás jodida.
- Cerdo leproso... dame un cigarro o te parto la cabeza.
Me encantaba hacerla rabiar. Aunque en tono jocoso, se defendía con unas ganas que le hacían rebosar pasión por cada poro. Todo, todo, absolutamente todo, lo hacía con pasión. Por eso cuando se enfadaba conmigo sabía que le había hecho daño de verdad, y cuando me daba las gracias por la más burda nimiedad, me hacía sentir que las notaba en cada letra que pronunciaba su garganta.
- Bueno, chavalería, una que se va.
- ¿Ya?
- Sí.
- Pero, ¿a dónde?
- A abortar.
- Que te sea leve.
- Gracias.
- ¿Bajas mañana?
- Supongo.
- Joder, qué mierda, tenía la esperanza de que dijeras que no.
- Pues igual tienes suerte y no vengo, quién sabe. En fin, nos vemos, adèu.
Nunca saludaba, pero siempre se despedía. Supongo que era por si acaso no la volvíamos a ver.
domingo, 16 de septiembre de 2007
Jukebox I
...con la violencia densa de un poema de Bukowski en la encimera...
La verdad
Es que no sé
Qué está pasando.
Desde el jueves
Es todo tan extraño
E inconexo
Como una canción
De Stanstill.
Surrealista
Sin más.
Así que
No sé
Supongo que voy a limitarme
A ir recogiendo pedazos,
Trozos de recuerdos,
Y a unirlos
Para intentar
Entender
Qué coño he estado
Haciendo estos días
Porque en serio,
No lo recuerdo.
Y lo que no me guste
Pues me lo invento
O lo borro
A cabezazos
Contra una pared
Con gotéele,
Que es más divertido.
Pero antes
Me gustaría
Cenar
Porque tengo hambre
Pero parece
Que en esta casa
Hoy no se correrá esa suerte
Así que
Voy a echarme
Sal al puño
Y a lamerlo
Para nutrirme,
Crecer como persona,
Pegar el estirón,
Y poder
Mataros
A todos.
La verdad
Es que no sé
Qué está pasando.
Desde el jueves
Es todo tan extraño
E inconexo
Como una canción
De Stanstill.
Surrealista
Sin más.
Así que
No sé
Supongo que voy a limitarme
A ir recogiendo pedazos,
Trozos de recuerdos,
Y a unirlos
Para intentar
Entender
Qué coño he estado
Haciendo estos días
Porque en serio,
No lo recuerdo.
Y lo que no me guste
Pues me lo invento
O lo borro
A cabezazos
Contra una pared
Con gotéele,
Que es más divertido.
Pero antes
Me gustaría
Cenar
Porque tengo hambre
Pero parece
Que en esta casa
Hoy no se correrá esa suerte
Así que
Voy a echarme
Sal al puño
Y a lamerlo
Para nutrirme,
Crecer como persona,
Pegar el estirón,
Y poder
Mataros
A todos.
lunes, 10 de septiembre de 2007
Vómito, volumen I
- Supongo que esto es una despedida.
- ¿Por qué dices eso?
- Porque vivo con la boca del estómago en el paladar.
- ¿Pero qué te pasa ahora?
- No sabría decirte.
- Inténtalo.
- No.
- ¿Pero por qué?
- Porque no quiero remover la mierda, que huele mal.
- No te entiendo.
- Yo tampoco a ti.
- ¿Recuerdas la primera vez que nos vimos?
- ¿Por qué me haces esto?
- Sólo quiero saber si lo recuerdas.
- Sí, pero mañana se me habrá olvidado.
- ¿Recuerdas la ropa que llevaba?
- Perfectamente.
- ¿Qué pensaste de mí?
- Que no me gustabas.
- ¿Y cuando te empecé a gustar?
- Cuando seguí mirándote.
- ¿Todavía te gusto?
- ¿Y yo a ti?
- No.
- ¿Por qué dices eso?
- Porque vivo con la boca del estómago en el paladar.
- ¿Pero qué te pasa ahora?
- No sabría decirte.
- Inténtalo.
- No.
- ¿Pero por qué?
- Porque no quiero remover la mierda, que huele mal.
- No te entiendo.
- Yo tampoco a ti.
- ¿Recuerdas la primera vez que nos vimos?
- ¿Por qué me haces esto?
- Sólo quiero saber si lo recuerdas.
- Sí, pero mañana se me habrá olvidado.
- ¿Recuerdas la ropa que llevaba?
- Perfectamente.
- ¿Qué pensaste de mí?
- Que no me gustabas.
- ¿Y cuando te empecé a gustar?
- Cuando seguí mirándote.
- ¿Todavía te gusto?
- ¿Y yo a ti?
- No.
domingo, 9 de septiembre de 2007
Odio a los Marea
Quiero escribirte una canción de amor desesperada,
una oda al azar y lo probable
que al leerla el estómago te suba hasta la garganta
como cuando me veías las primeras veces.
Mi canción de amor desesperada pretende convertirse
en el reflejo de tu imagen en un espejo a través de mis ojos
para que, aunque ya no sirva de nada,
pueda decirte por fin las cosas buenas que te veo
y que no me atreví a decirte en su momento.
Es triste esta canción de amor desesperada
que empezó con nota blanca y acabó en una corchea,
y además, sé que está de más que te la escriba
porque ahora estás con otra y no me quieres,
pero yo siempre seré una zorra maleducada
que tiende a hacer lo que le rota cuando le viene en gana
y aunque a tu nuevo amor le dé por culo que te escriba,
no voy a dejar de hacerte esta canción de amor desesperada.
Que hoy compongo por las noches infinitas
y apelo a tus faltas de ortografía para saciar mi ternura ,
al calor de tu mejilla al darme un beso en el saludo,
a que sólo tuve que mirarte tres veces para saber que te quería.
Y estos versos a destiempo que te dedico
no pretenden hacer grande lo que eres ahora
sino lo que fuimos cuando nos conocimos,
si vas buscando piropos, que te los eche tu novia.
Aunque de ti bien podría decir,
con la boca grande y siempre a tus espaldas
que me has salvado la vida
y por eso te escribo una canción de amor desesperada.
Que la otra noche le grité que te quise hace tiempo
al que me dijo que yo a tu lado era una princesa,
y aunque no te merezcas saberlo,
a veces aún me muero de pena.
Que le dije que no a ese amigo tuyo
que intentó varias veces comerme la boca,
no se corta ni tres el colega,
pero yo estuve rápida con la táctica de la cobra,
por respetar tu persona voy y salgo corriendo
escapando de las garras de tu amigo y su ritual de apareamiento
y ahora pienso que igual te hubiera dado lo mismo
vernos follando en el suelo.
Pero como tengo conciencia y a veces aún te recuerdo
como aquel tío enorme de los ojos de niño
que te quede bien claro que no pasó nada
así vas e igual te quedas tranquilo.
Ya llevo mil versos y aún no te he dicho
que echo de menos el verme contigo,
contar amapolas, limpiar azulejos,
estornudar, si no estás, no es lo mismo.
Y hoy buceando en el cajón de la memoria
entendí muchas cosas y até un par de cabos,
llegando a formularme esa gran pregunta que consiste
en intentar averiguar si después de tanto tiempo
volverían a temblarme las piernas al oirte llamarme pecosa.
Pero como no he encontrado ninguna respuesta,
y dudo que surja la opción de hacer un trabajo de campo,
hoy que es domingo me corto las venas
por si se me ocurre llorarte fumando tabaco.
Y aunque yo creo que el problema reside
en mi brusquedad al hablar y tu incapacidad para hacer frente,
en la falta de comunicación que existe entre ambos,
te veo to' raro, no sé qué decirte,
excepto "chaval, ¿en serio hemos cambiado tanto?"
Entiéndelo todo sin acritud,
recuerda que esta es tu canción de amor desesperada,
que sólo estoy dando vueltas para ver si consigo decirte que
una oda al azar y lo probable
que al leerla el estómago te suba hasta la garganta
como cuando me veías las primeras veces.
Mi canción de amor desesperada pretende convertirse
en el reflejo de tu imagen en un espejo a través de mis ojos
para que, aunque ya no sirva de nada,
pueda decirte por fin las cosas buenas que te veo
y que no me atreví a decirte en su momento.
Es triste esta canción de amor desesperada
que empezó con nota blanca y acabó en una corchea,
y además, sé que está de más que te la escriba
porque ahora estás con otra y no me quieres,
pero yo siempre seré una zorra maleducada
que tiende a hacer lo que le rota cuando le viene en gana
y aunque a tu nuevo amor le dé por culo que te escriba,
no voy a dejar de hacerte esta canción de amor desesperada.
Que hoy compongo por las noches infinitas
y apelo a tus faltas de ortografía para saciar mi ternura ,
al calor de tu mejilla al darme un beso en el saludo,
a que sólo tuve que mirarte tres veces para saber que te quería.
Y estos versos a destiempo que te dedico
no pretenden hacer grande lo que eres ahora
sino lo que fuimos cuando nos conocimos,
si vas buscando piropos, que te los eche tu novia.
Aunque de ti bien podría decir,
con la boca grande y siempre a tus espaldas
que me has salvado la vida
y por eso te escribo una canción de amor desesperada.
Que la otra noche le grité que te quise hace tiempo
al que me dijo que yo a tu lado era una princesa,
y aunque no te merezcas saberlo,
a veces aún me muero de pena.
Que le dije que no a ese amigo tuyo
que intentó varias veces comerme la boca,
no se corta ni tres el colega,
pero yo estuve rápida con la táctica de la cobra,
por respetar tu persona voy y salgo corriendo
escapando de las garras de tu amigo y su ritual de apareamiento
y ahora pienso que igual te hubiera dado lo mismo
vernos follando en el suelo.
Pero como tengo conciencia y a veces aún te recuerdo
como aquel tío enorme de los ojos de niño
que te quede bien claro que no pasó nada
así vas e igual te quedas tranquilo.
Ya llevo mil versos y aún no te he dicho
que echo de menos el verme contigo,
contar amapolas, limpiar azulejos,
estornudar, si no estás, no es lo mismo.
Y hoy buceando en el cajón de la memoria
entendí muchas cosas y até un par de cabos,
llegando a formularme esa gran pregunta que consiste
en intentar averiguar si después de tanto tiempo
volverían a temblarme las piernas al oirte llamarme pecosa.
Pero como no he encontrado ninguna respuesta,
y dudo que surja la opción de hacer un trabajo de campo,
hoy que es domingo me corto las venas
por si se me ocurre llorarte fumando tabaco.
Y aunque yo creo que el problema reside
en mi brusquedad al hablar y tu incapacidad para hacer frente,
en la falta de comunicación que existe entre ambos,
te veo to' raro, no sé qué decirte,
excepto "chaval, ¿en serio hemos cambiado tanto?"
Entiéndelo todo sin acritud,
recuerda que esta es tu canción de amor desesperada,
que sólo estoy dando vueltas para ver si consigo decirte que
viernes, 7 de septiembre de 2007
Si no lo cuento, no está pasando.
Estoy viviendo un drama frente al que no puedo hacer absolutamente nada excepto esperar abrazada al pánico que todo pase, mientras hago tremendos esfuerzos por recibir la menor cantidad de información posible. Y tengo miedo, mucho miedo, tanto miedo que prefiero enfrentarme a mil fantasmas antes que salir de mi habitación.
Oigo una risa desesperada por el pasillo, que se repite cada tres segundos, y va acompañada de gritos que encierran palabras sin sentido. Yo, mientras tanto, voy perdiendo verticalidad, y me hago cada vez más pequeña, y la música suena cada vez más alta. No quiero saber nada, estoy extasiada.
Nunca os acercareis a imaginar lo que está pasando.
Y ahora dejaré de hacer ruido, apagaré las luces y me esconderé debajo de la mesa, para que todos piensen que estoy durmiendo.
... Joder, hombres del saber, iros a cagar!!!...
Oigo una risa desesperada por el pasillo, que se repite cada tres segundos, y va acompañada de gritos que encierran palabras sin sentido. Yo, mientras tanto, voy perdiendo verticalidad, y me hago cada vez más pequeña, y la música suena cada vez más alta. No quiero saber nada, estoy extasiada.
Nunca os acercareis a imaginar lo que está pasando.
Y ahora dejaré de hacer ruido, apagaré las luces y me esconderé debajo de la mesa, para que todos piensen que estoy durmiendo.
... Joder, hombres del saber, iros a cagar!!!...
domingo, 2 de septiembre de 2007
SDJFHJDTEWUTVC
A mí hace un momento todo me importaba una puta mierda y lo único que quería era que supieras que te quería y decirte que si pensabas lo mismo con respecto a mí mañana, sin ir pedo, me llamaras, y yo prometería no echarte nada en cara.
Hace un momento me hubiera llenado la boca de mierda por tenerte a mi lado un segundo. Así de pena doy en realidad.
Hace un momento me hubiera llenado la boca de mierda por tenerte a mi lado un segundo. Así de pena doy en realidad.
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