viernes, 24 de agosto de 2007

Que descanses.

Escupiré en tu paladar una bala con mi boca
y cogiéndote por las fosas nasales le daré la vuelta a tu cabeza
reventada por disparos y saliva
mientras tu cerebro sigue palpitando.

Te haré pequeños cortes en las ingles
con el bisturí que regalaban en el micronova
y poquito a poco, metiendo mis dedos por las incisiones,
te iré desmembrando.

Voy a buscar ahora tu cuello
y a lamer justo donde se corta el pelo con la piel,
después, con mucho cuidado
dibujaré un corazón clavando agujas.

Te sacaré los ojos haciendo palanca con una cuchara,
y los miraré fijamente manteniéndolos en mis manos
mientras te pregunto con ternura si recuerdas el día que me mataste,
qué bien, ahora te toca a ti.

Aún no tengo claro qué haré con tus manos,
creo que después de cortártelas
las guardaré en mis bolsillos
para que cubran mis puños cuando llegue el invierno.

Con tus brazos me haré un cinturón
para imaginar que me abrazas por la espalda,
un cinturón que sólo durará dos días
antes de empezar a pudrirse.

El tórax he de abrírtelo en canal
para ser capaz de terminar
con el desquicio que me causan
las dudas acerca de si tienes corazón o no,

e independientemente de la respuesta
que ciertamente, poco importa ya
pintaré tus costillas con la sangre de mi regla
para ver si así entiendes lo jodido que es ser yo depués de haberte conocido.

Te enterraré donde se prevean próximos incendios,
que de ti no queden más que mis recuerdos,
y para acabar de cagarme en tu memoria
bailaré sobre tu tumba.

No hay comentarios.: