...mira que las musas no aceptan excusas...
No siento esa desesperación horrible por no saber qué hacer, supongo que porque realmente ya no hay nada en absoluto que pueda hacer. A veces reviento a llorar, sí, y se me arruga la cara, y me estiro del pelo, pero supongo que eso es normal. La ansiedad que me produce este caso concreto se asemeja más a una tristeza llana, quiero decir, me siento como la burbuja de un nivel.
Yo sólo quiero una respuesta, un vestido negro, o un disfraz de plañidera. Chocolate, ron e ibuprofeno, las cartas de amor que recibió Isolda en su momento. Una bañera con espuma, y unas gafas de aviador. Cinco chupa-chups de fresa, maquillaje color rosa, una película acurrucada en el sofá. Dos armas blancas, flores de estramonio y el rockanroll de la línea del frente. Deudas, natillas, billetes de tren y un amor imposible, porque el amor no se puede concebir de otra manera.
... y volver a volver a empezar a volver a empezar a volver a empezar...
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