Me gusta matar. Es un hecho. Sentir entre mis manos un frágil cuello de bebé y apretarlo hasta que exhale el último halo de vida, notando que el llanto se va transformando en el humo que se escapa de la mecha de una vela al apagarla.
Luego está la versión mejorada, en la que tienes acceso a un niño de entre cuatro y seis años, que ya tiene una mayor conciencia de lo que es el sufrimiento, y puedes ver en sus ojos miedo en estado puro, e incluso la viva imagen de la cara de su madre, mientras le miras atentamente arqueando las cejas en una expresión que sólo significa “no puedes hacer nada para evitarlo. Nada”, y sentir después como su cuerpecillo inerte se deja hacer entre tus brazos. Si tienes paciencia y te quedas contemplándolo, eres capaz de visualizar al mismísimo rigor mortis entrando por la ventana, filtrándose por cada uno de los poros de la piel de lo que ya sólo es un cadáver de mierda más.
Tampoco cabe despreciar la versión “caza de grandes mamíferos”, pero para esto es necesario contar con armas porque, seamos realistas, en un cuerpo a cuerpo lo más probable es que sea yo quien salga perdiendo. Pero en fin, con el tiempo te das cuenta de que el mundo juega sucio, y de que tú no tienes por qué ser menos, así que tan sólo tienes que hacerte con un par de cadenas y un arma blanca. Algo tan fácil de conseguir a día de hoy como que se giren a mirarte si gritas. Y llega el momento de elegir a tu víctima. Tienes que saber discernir entre matar por amor al arte, o por rencor. Yo hoy lo hago por rencor, porque puedo, y porque me sobran los motivos. Entonces le ves venir de lejos, sonríes, saludas, y mantienes una actitud completamente normal hasta que llega el momento oportuno para darle un golpe certero en la región occipital de su cabeza y empezar con el juego. Sí, en este caso la obsesión traspasa la frontera del simple placer de acabar con una vida humana y se transforma en un juego que puedes alargar tantas horas como habilidades tengas. Las formas de proceder son distintas dependiendo de la persona y el lugar en el que te encuentres, pero como desenlace yo sólo contemplo dos posibilidades: la primera es sencilla, y menos dolorosa para el otro, pero tiene un gran impacto visual. Consiste en dar un corte rápido en la yugular, y dejar a la víctima en el suelo mientras se desangra. Cuando hago esto siempre recuerdo una canción que reza “si la muerte te encontrase lucharía por ti, con tu sangre mi cara pintaría, como un lobo aullaría. Pris, no llores más, que yo recordaré tu nombre”. A mí me gusta mojar las manos en el charco de sangre que se va formando alrededor del inútil rastrojo al que le acabo de rajar el cuello, me resulta cómico jugar con sus fluidos vitales mientras me mira sin poder moverse porque su cuerpo se encuentra cada vez más adormecido, y terminar la faena besándole en la boca cuando aún es capaz de articular las palabras “hija de puta”.
El segundo método sólo lo he puesto en práctica dos veces, porque es menos elegante y yo, ante todo, soy una dama. Para mí es muy importante aplicarlo en personas ególatras y narcisistas, ya que el ritual cobra un sentido especial en ese aspecto. Sólo has de sentarte a horcajadas sobre el individuo en cuestión, y empezar a practicar cortes de distintas profundidades alrededor del ombligo. Una vez trazado el patrón, clavas y abres, clavas y abres, hasta que te quepa la mano por una de las aberturas y puedas sentir el tacto de los órganos y vísceras que te queden al alcance. Si la persona aún sigue consciente, se hace más divertido todo si eres capaz de decirle sin descojonarte “a ver si adivinas qué te estoy tocando ahora...”
En cualquier caso, a lo que realmente aspiro es a conseguir un arma de fuego, poner el cañon frío sobre la frente sudorosa de algún infeliz, y disparar sin más explicaciones entre y ceja y ceja, a una distancia lo suficientemente corta como para que la sangre me dé en la cara y cierre los ojos en un acto reflejo por el salpicón. Sé que esto último es demasiado burdo, pero la idea de una bala atravesando un cráneo me pone de un buen humor excesivo.
lunes, 30 de julio de 2007
jueves, 26 de julio de 2007
domingo, 22 de julio de 2007
Aprovechando.
Cuando desapareció la necesidad de pedir explicaciones mi ventana decidió suicidarse dejando la calle como el suelo del banquete de una boda griega. Yo no di saltos de alegría, pero tampoco escondí las orejas bajo el sombrero. Todo en mi mundo tiene un umbral diferencial, y así es más divertido.
Quizás ya lo sabes, soy una doble corchea en clave de sol, porque es más bonito. Pero no me justifico, no puedo vivir con miedo a que te asustes porque sea yo misma. Me acostumbraron mal, y aunque sé que a veces hay que dar, no puedes pedirme eso. Te ofrezco unas risas y un sandwich de queso a la luz de la luna. Por la mañana si quieres me cuentas en qué ha cambiado tu vida.
Ya no saludo a los chicos del barrio. No los miro. Paso de largo. Y sé que está mal dejarles con un "hola" en la boca, pero me interesan más los susurros entonados que escucho en mi cabeza de camino al metro. Yo... en fin, lo siento, yo prefiero ir en metro, pero puedes llevarme a casa. Nos vemos.
No pusimos velas en la mesa, ni nos enamoramos de aquel chino que se parecía a Novita. No flipamos toda nuestra vida con el cortijo gótico que mascaba bambú, ni paseamos en Navidad por la calle San Vicente, bajo la atenta mirada de la Valencia iluminada. No entramos al cine de día y salimos de noche. No llegué a mi casa con ganas de llorar de tanto quererte. No llegué a mi casa. Hace años que olvidé si era el Mar, o el Río de la Plata, y a ese Ché sudaca. Mi sitio está en el centro. Volveré cuando Madrid se arrodille ante mí y me llamen por mi nombre al entrar a San Ginés. Y no descansaré en paz hasta que vuelva a eructar en los bares de Debod a la salud de las cagadas de pájara.
Sólo quiero vivir así, y no sé en qué momento lo olvidaste. Toma, te doy mi sonrisa sólo porque ayer me dijeron que era bonita, y quiero que conserves algún recuerdo de lo que es tirarme al suelo de un empujón.
...No me conoces bien, soy un desastre
voy a seguir aguantándome hasta que tú te rajes.
No me conoces bien, no soy un ángel,
diviértete machacándome y luego pide un taxi.
Quiero saber si fue realmente bueno,
o solamente duele un poco más.
Quiero saber si fue realmente bueno,
o una sonrisa a cara de perro para disimular
todo lo que llevas dentro...
Quizás ya lo sabes, soy una doble corchea en clave de sol, porque es más bonito. Pero no me justifico, no puedo vivir con miedo a que te asustes porque sea yo misma. Me acostumbraron mal, y aunque sé que a veces hay que dar, no puedes pedirme eso. Te ofrezco unas risas y un sandwich de queso a la luz de la luna. Por la mañana si quieres me cuentas en qué ha cambiado tu vida.
Ya no saludo a los chicos del barrio. No los miro. Paso de largo. Y sé que está mal dejarles con un "hola" en la boca, pero me interesan más los susurros entonados que escucho en mi cabeza de camino al metro. Yo... en fin, lo siento, yo prefiero ir en metro, pero puedes llevarme a casa. Nos vemos.
No pusimos velas en la mesa, ni nos enamoramos de aquel chino que se parecía a Novita. No flipamos toda nuestra vida con el cortijo gótico que mascaba bambú, ni paseamos en Navidad por la calle San Vicente, bajo la atenta mirada de la Valencia iluminada. No entramos al cine de día y salimos de noche. No llegué a mi casa con ganas de llorar de tanto quererte. No llegué a mi casa. Hace años que olvidé si era el Mar, o el Río de la Plata, y a ese Ché sudaca. Mi sitio está en el centro. Volveré cuando Madrid se arrodille ante mí y me llamen por mi nombre al entrar a San Ginés. Y no descansaré en paz hasta que vuelva a eructar en los bares de Debod a la salud de las cagadas de pájara.
Sólo quiero vivir así, y no sé en qué momento lo olvidaste. Toma, te doy mi sonrisa sólo porque ayer me dijeron que era bonita, y quiero que conserves algún recuerdo de lo que es tirarme al suelo de un empujón.
...No me conoces bien, soy un desastre
voy a seguir aguantándome hasta que tú te rajes.
No me conoces bien, no soy un ángel,
diviértete machacándome y luego pide un taxi.
Quiero saber si fue realmente bueno,
o solamente duele un poco más.
Quiero saber si fue realmente bueno,
o una sonrisa a cara de perro para disimular
todo lo que llevas dentro...
miércoles, 18 de julio de 2007
El médico no vino.
Me... me ti... me ti... me tiennnn... me tienes hasta la polla!!!! Ya está, ya lo he dicho. Hoy me corté el pelo, y eso sólo puede significar una cosa: que me he cansado de hacer el gilipollas. Aunque a veces es de noche y todo cambia, pero me he aburrido de buscarte.
Aspiro gasolina del depósito del coche cuando bajamos a comprar hielo, aspiro el gas que enciende mi cocina, aspiro el humo del polen que no fumas, aspiro a más.
Venid a mí, que ya soy yo, venid a mí, que ya soy rubia. Atadme las muñecas y dejadme que os dirija. Y saca la fusta si quieres, no pienso volver a mir/marte. Ahí te pudras. Prefiero rajarme el cuello de la barbilla al esternón con una aguja, prefiero cambiar pañales y beber mi propia orina. Prefiero usar colonia de coco y soñar que se me caen los dientes. Prefiero follarme a una serpiente, sufrir un aborto, morderme las axilas, introducirme una cánula por la uretra y sacármela por la pupila, prefiero. Prefiero todo eso a morir para contarlo. No doy más de mí porque yo no la he cagado. Supongo que ya has conseguido lo que querías.
...y hablando de flores, allí no había flores, qué va!...
Aspiro gasolina del depósito del coche cuando bajamos a comprar hielo, aspiro el gas que enciende mi cocina, aspiro el humo del polen que no fumas, aspiro a más.
Venid a mí, que ya soy yo, venid a mí, que ya soy rubia. Atadme las muñecas y dejadme que os dirija. Y saca la fusta si quieres, no pienso volver a mir/marte. Ahí te pudras. Prefiero rajarme el cuello de la barbilla al esternón con una aguja, prefiero cambiar pañales y beber mi propia orina. Prefiero usar colonia de coco y soñar que se me caen los dientes. Prefiero follarme a una serpiente, sufrir un aborto, morderme las axilas, introducirme una cánula por la uretra y sacármela por la pupila, prefiero. Prefiero todo eso a morir para contarlo. No doy más de mí porque yo no la he cagado. Supongo que ya has conseguido lo que querías.
...y hablando de flores, allí no había flores, qué va!...
domingo, 15 de julio de 2007
Por valiente.
A la salida de mi infierno personal, sólo estaba de nuevo la entrada. Ahora sí, ahora me estoy muriendo de verdad. Yo sólo quería ir al cine.
Voy a cantar a pleno pulmón, que es lo único que me calma los dolores. Ay, Dolores... yo quería decir tantas cosas, quería dar el paso, ser valiente. Quise abrirte mi corazón y ponértelo en la mano para que lo lanzaras al aire y dispararas rollo tiro al plato. Quise tener una excusa para ponerme hasta las cejas de ron esa noche, y agonizar en la cama llegadas las siete de la mañana, pensando que al despertar me moriría de pena, pero al menos tendría fuerzas suficientes para sacarte de mi vida.
Yo sólo quería que levantaras la barrera y me dejaras meter un pie, aunque realmente esperaba que me mataras a puñetazos. Yo sólo estaba buscando una reacción, pero no tuve tiempo de acabar de decirte lo que quería decirte. Tampoco sabía cómo hacerlo, ni esperaba que me entendieras. Creía que era obligación mía que supieras que no te quería, pero que pensaba mucho en empezar a hacerlo.
Y ahora estoy cansada, y ya no se me ocurre nada. No sé dónde encontrarte, ni qué puta excusa inventarme para poder saludarte y que me dediques dos segundos de tu tiempo. Ayer me puse a temblar y no sé si voy a ser capaz de perdonármelo algún día. Por favor, entra, o vete para siempre, o preséntame a un amigo.
Voy a cantar a pleno pulmón, que es lo único que me calma los dolores. Ay, Dolores... yo quería decir tantas cosas, quería dar el paso, ser valiente. Quise abrirte mi corazón y ponértelo en la mano para que lo lanzaras al aire y dispararas rollo tiro al plato. Quise tener una excusa para ponerme hasta las cejas de ron esa noche, y agonizar en la cama llegadas las siete de la mañana, pensando que al despertar me moriría de pena, pero al menos tendría fuerzas suficientes para sacarte de mi vida.
Yo sólo quería que levantaras la barrera y me dejaras meter un pie, aunque realmente esperaba que me mataras a puñetazos. Yo sólo estaba buscando una reacción, pero no tuve tiempo de acabar de decirte lo que quería decirte. Tampoco sabía cómo hacerlo, ni esperaba que me entendieras. Creía que era obligación mía que supieras que no te quería, pero que pensaba mucho en empezar a hacerlo.
Y ahora estoy cansada, y ya no se me ocurre nada. No sé dónde encontrarte, ni qué puta excusa inventarme para poder saludarte y que me dediques dos segundos de tu tiempo. Ayer me puse a temblar y no sé si voy a ser capaz de perdonármelo algún día. Por favor, entra, o vete para siempre, o preséntame a un amigo.
lunes, 9 de julio de 2007
Confesiones catastróficas de una esquimal en Tombuctú.
Sólo quiero hacer acto de presencia, que no se te olvide que sigo viva y estoy aquí. No tengo grandes pretensiones, no espero ver costras en tus rodillas porque hayas decidido venir peregrinando hasta mi casa, tampoco voy al trabajo con la ilusión de que venga un repartidor a traerme un ramo de claveles de tu parte, ni siquiera aspiro a que un día me pidas que demos una vuelta.
No voy a entrar por la vía del sentimentalismo barato, ni a mearme en la herida para que escueza, no voy a intentar conmoverte, ni a hablar más alto que nadie para que me hagas caso. Sólo quiero que te gires a mirarme si piensas que brillo con luz propia. Así que escribo todo esto por si algún día, en algún momento, durante un segundo, me has echado de menos, o simplemente te has acordado de mí.
Si ha sido así, este es el momento para hacer algo, para intentar reaccionar desde tu pasividad apoltronada y tácita. Yo, por mi parte, prometo intentar olvidar que has llegado a darme asco por cobarde, porque sí, porque sigo levantándome de la siesta y acordándome de ti, y si eso pasa es por algo (contemplemos pues, un amplio campo de posibilidades que acabarán por esclarecerse con el tiempo).
Pero si realmente piensas que esto ha sido un final de verdad en lugar de una de esas bromas que te gasta la vida, si tienes completamente claro que bajo ninguna circunstancia quieres que volvamos a mirarnos a los ojos, desaparece. Pero desaparece por completo y para siempre. En todos los ámbitos, sal de mi vida. Y si nos cruzamos por la calle, gírame la cara, y si te hablo no me contestes. Trátame mal, piérdeme el respeto como individua, y dile a tus amigos que me atraquen. Haz que me muera de dolor, porque sólo así voy a asumir que tengo que olvidarte.
...Si te vas, lloraré como una niña tonta. Si te vas de verdad, no me dejes por el medio tus cosas: puerta, y mucha mierda...
No voy a entrar por la vía del sentimentalismo barato, ni a mearme en la herida para que escueza, no voy a intentar conmoverte, ni a hablar más alto que nadie para que me hagas caso. Sólo quiero que te gires a mirarme si piensas que brillo con luz propia. Así que escribo todo esto por si algún día, en algún momento, durante un segundo, me has echado de menos, o simplemente te has acordado de mí.
Si ha sido así, este es el momento para hacer algo, para intentar reaccionar desde tu pasividad apoltronada y tácita. Yo, por mi parte, prometo intentar olvidar que has llegado a darme asco por cobarde, porque sí, porque sigo levantándome de la siesta y acordándome de ti, y si eso pasa es por algo (contemplemos pues, un amplio campo de posibilidades que acabarán por esclarecerse con el tiempo).
Pero si realmente piensas que esto ha sido un final de verdad en lugar de una de esas bromas que te gasta la vida, si tienes completamente claro que bajo ninguna circunstancia quieres que volvamos a mirarnos a los ojos, desaparece. Pero desaparece por completo y para siempre. En todos los ámbitos, sal de mi vida. Y si nos cruzamos por la calle, gírame la cara, y si te hablo no me contestes. Trátame mal, piérdeme el respeto como individua, y dile a tus amigos que me atraquen. Haz que me muera de dolor, porque sólo así voy a asumir que tengo que olvidarte.
...Si te vas, lloraré como una niña tonta. Si te vas de verdad, no me dejes por el medio tus cosas: puerta, y mucha mierda...
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