Eres capaz de perderte una noche durmiendo conmigo, oyéndome hablar en arameo y sintiendo mis patadas. De verme despertar por las mañanas, con aliento a podrido y legañas en los ojos, mientras te lleno de besos toda la cara y te pregunto qué has soñado.
No te interesa verme después en bragas y camiseta, sentada en la mesa, con la cabeza metida entre las manos, mientras espero aturdida a que me traigas un nesquik para desayunar. Te da lo mismo que después te encienda un cigarro, y yo me ponga también a fumar, y que cuando apague la colilla me tire encima tuya a hacerte la puñeta hasta que rabies, me cojas las dos muñecas con una mano, y empieces a darme lametazos en la cara como venganza. Vivir todo eso te da lo mismo.
Sudas de verme barrer el piso de tu apartamento mientras canto a pleno pulmón utilizando la escoba como micrófono, y de cuando en cuando te puteo con el palo mientras friegas los platos de la cena de la noche anterior. Y tú me tiras agua para hacer la gracia, y yo te escupo, un poquito, y luchamos cuerpo a cuerpo. Una lucha que por supuesto voy a perder, y que acabará con mi cabeza debajo del grifo del fregadero.
Te cagas directamente en esperar luego a que me duche y me vista, y me ponga el mandil para empezar a hacer la comida. Tú sabes que tiendo a quemarlo todo, y de vez en cuando vienes a reirte de mi sublime plato de chef carbonizado, y te metes conmigo, y yo pongo cara de enfado, pero no puedo evitar que se me escape la risa. Tú sabes que tiendo a quemarlo todo, incluso a las personas.
Pasas olímpicamente de pillar luego el coche e ir a un centro comercial cualquiera para ver una peli cualquiera. Eso es lo de menos, lo que importa es que estamos juntos y el mundo sobra. Y si es de miedo, me agarraré a tu brazo, y si toca reirse, me reiré más alto que nadie, y a ti te dará vergüenza, y cuánta más vergüenza te dé, más alto me reiré. Una de esas cosas que hago sólo por joder, ya sabes.
No te apetece nada, pero nada en absoluto, que al salir me ponga caprichosa y te pida chocolate. Y tú reniegues hasta el fin de tus días sabiendo que de todos modos me lo traerás, y que acabarás dándomelo mientras pongo una media sonrisa de niñata, y doy dos palmadas de ilusión como una chiquilla, y tú sientes que me has hecho feliz, y eso es lo que más importa.
Ni te planteas que volvamos luego a casa a tirarnos en el sofá y empecemos a hablar sobre nada en particular. Y nos mordamos en todas partes, en plan hijosdeputa, y acabemos besándonos entre tirón y tirón de pelo. Y yo me siento a ahorcajadas encima tuya, y te miro a los ojos y tengo ganas de decirte que te quiero, pero no puedo porque es tan de verdad que asusta. Pero a ti no te hace falta que abra la boca, porque sabes perfectamente lo que acabo de pensar.
Te da igual que luego me ponga un vestido, me peine y me pinte, sabiendo que lo hago sólo para que tú me veas guapa. Y tú te ríes por dentro, porque vas a verme lo mismo de guapa, vestida, peinada y pintada, que envuelta en un burka sudado. Pero te callas, porque en el fondo te gusta que lo haga. Y nos vamos a cenar. Al chino, por supuesto. Y a mí me encanta ver cómo te hinchas a comer. Y a ti te encanta escucharme decir "joé, chino, qué güeno".
No te da ni frío ni calor que luego vayamos a pasear cogidos de la mano por el centro, y que por el camino haga diez mil tonterías que te hagan reír diez mil veces, y que luego nos sentemos en un portal, y tú de repente te pongas triste porque te frustra tu trabajo. Y yo te acaricio la cara después, y te prometo que juntos vamos a solucionar el problema, y que vamos a mover todos los hilos posibles para que las cosas cambien y tú vivas lo más feliz posible en ese aspecto. Y confías tanto en mí que te lo crees. Y yo sé que no voy a parar hasta que lo consiga.
No te molestas en vislumbrar que luego lleguemos a casa, y salgamos al balcón a fumarnos el último cigarro, y apoyados en la barandilla nos contemos historieras de cuando éramos pequeños. Anécdotas, cosas que nos traumatizaron, que nos hicieron daño. Gamberradas, momentos niño-cabrón que ha vivido todo el mundo en su infancia, pero esta vez nosotros pensaremos "joder, es que ya eras especial incluso antes de nacer".
Y que yo me vaya arrimando a ti con disimulo, y empiece a rozarte el brazo, a acariciarte el pelo, a olerte la nuca, a morderte la oreja, y que lo que ha empezado con el fresco de la noche acabe sudando entre las sábanas. Y después nos durmamos, espalda contra pecho, y que yo sienta que si mientras me estés cogiendo por la cintura no puede pasarme nada malo, y que tú pienses que entre los brazos te cabe lo mejor de tu vida, y que por primera vez en mucho tiempo, estás durmiendo realmente en paz.
No. Tú no quieres nada de todo eso.
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1 comentario:
Paz - Bukowski.
Junto a la mesa de la esquina en
El café
Está sentada
Una pareja de mediana edad.
Han terminado de comer
Y están bebiendo una cerveza
Cada uno.
Son las 9 de la noche.
Ella está fumando un cigarrillo.
Luego él dice algo.
Ella asiente.
Luego habla ella.
Él sonríe, mueve la mano
Luego se quedan callados.
A través de la persianas
Junto a la mesa
Parpadea
Una luz roja de neón.
No hay guerra
No hay infierno.
Luego él levanta su botella
De cerveza.
Es verde,
Se la lleva a los labios
Le da un sorbo.
Es una Coronet.
Ella tiene el codo derecho
Apoyado sobre la mesa
Y en la mano
Sostiene el cigarrillo
Entre el pulgar y
El índice
Y cuando ella le mira
Fuera las calles
Florecen
En la noche.
Suerte
Hubo una vez
En que fuimos jóvenes
Dentro de esta máquina
Bebíamos
Fumábamos
Tecleábamos
Fue un tiempo de
Esplendor
Un milagro
Aún lo es
Solo que ahora
En vez de
Ir hacia el tiempo
Es el tiempo
El que viene hacia nosotros
Y hace que cada palabra
Taladre
El papel
Clara
Rápida
Contundente
Alimentando
Un espacio
Que se cierra.
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