Junio llega con su "¿y ahora qué?", como cada año. Como cada año, ando perdida, preguntando desconsolada por las calles si Pajares es mi padre, si es cierto eso de qué más vale prevenir que curar, o si es mejor tirarse a la piscina (o a lo que surja...). Lo cierto es que ya nada es como antaño, y a mí no me gustan los cambios si no son buscados.
Y a partir del miércoles, tirarme en la cama a vegetar, a esperar que se me pudran las lumbares esperando que suene el teléfono y alguien requiera mi presencia. "Hola, buenos días, venía a ver si me dejais hacer un par de placas. Metadonaaaaaaaa" (Pero todo esto con la cara sucia y barba de tres días).
¿Y qué hago? ¿Me voy o me quedo? Y tú, ¿te irás? y si es así, ¿a dónde?, ¿me vas a llevar? Sé hasta del color que cagas, no puedes prescindir de mí, y si dices lo contrario es por rencor. (lalalala rencores, lalalala rencillas).
No me gustan las vaciones, no me gusta tener obligaciones. Lo único que pido es que todo sea siempre como yo quiero. Y fin.
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