...Subo al cielo desde un ciego, ahora ya tengo quien me entienda...
Os percatais de que no ando muy sensata porque no paro de vomitar. Porque me están sujetando, que si no te ibas a cagar. Le pego patadas a los volantes de mi falda, me la arremango y salto hacia atrás.
Y no quiero volver a verte a no ser que sea desparramado bajo un camión. Que se suiciden tres de tus neuronas por las orejas, que sólo te queden dos en las que esté yo repiqueteando.. qué felices seríamos ambos... sobre todo tú. Aunque no lo sepas, aunque te mueras del asco, más me estoy muriendo yo.
Y prefiero no saber lo que está a punto de pasar, y prefiero verte muerto a sentirte respirar. Que la ignorancia me cubra, y si te empapa mi ausencia, por favor, échame de menos, por favor. Y cruzo los dedos para que me eches de menos... y cruzo los dedos... y cruzo los dedos para que te mueras mañana. Para que me asista la hormona del crecimiento, para no cerrar los ojos y verte por dentro. Para dejar de soñarte y acabar de entender que lo que quiero de ti no es a ti, sino lo que no has sabido darme.
Para ti son los reflujos de mi estómago.
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Al otro lado del cristal no irradia el sol,
ni la lluvia cae sobre un suelo ya mojado.
Tampoco se ve gente rondar las aceras.
Las aves no circundan en vuelo la copa de unos árboles
que miran tristes y vahídos el suelo que los sostiene.
No tengo hambre, ni sed, ni viento dentro de mí.
Tengo el vacío, el ansía, el estómago lleno de tu ausencia,
el impermeable recuerdo de tu mediana despedida
que no me deja llorar a gusto ni en paz.
Tengo un espejo que no sabe reflejar tus pestañas.
Tengo un palpitar entrecortado y tengo también
el antojo de versar sobre la maravillosa formar que tienes
de negar mis labios sobre los tuyos, mi piel sobre tu piel,
mis ojos cansados sobres tus vivos ojos.
No te conozco, amor,
no te conozco dentro ni fuera de mí.
No te conozco lo suficiente como para no amar la cima
de tu esencia, el iceberg de tu energía que me impulsa
a recordarte en blanco y negro con símbolos que quieren darte algo
vital para tu espíritu.
Pensaste que todo lo real era mucho más simple y modesto,
pero llegué yo con mi complicada forma de amar el mundo
y tú quisiste amarlo del mismo modo.
A fecha de hoy no sabes cómo seguir ese camino que te marco.
Y al final todos los pasos de voluntades que vamos dando
se quedan en la misma calle dónde no irradia el sol,
ni llueve sobre mojado, ni las gentes pasan por las aceras
a través de un cristal sobre el que dibujo,
con el vaho del aliento que me aún me queda,
un corazón con tu nombre y el mío, amor,
con el tuyo y con el mío.
(Antonio R. Bascuñana)
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