lunes, 16 de abril de 2007

Ningún recuerdo de nada.

Me agota cada movimiento del segundero del reloj,
se me seca el cerebro pensando en las cosas que hice mal,
en los mordiscos que me dabas,
y aún no he conseguido aceptar la realidad.

Y por más que intento levantarme
con un salto mortal hacia adelante
no soy más que una cucaracha boca arriba
luchando por respirar.

Me aferro a un mundo verde en el fondo de mi estómago
y como picante para vivir centrifugándome,
y así no tener tiempo de pensar
en la fugacidad de los cuentos de hadas.

Yo sólo quiero quemar contenedores,
reventar cabinas oculta bajo el flequillo,
quiero criar camaleones
para aprender de ellos a esconderme cuando me pases por delante.

Me haces vieja en cada estrofa
mientras dibujo en mi mente dos dedos haciendo la V.
Yo sólo quiero un bote de aguarrás
para borrar de mi pared el óleo con tu cara.

Y pegarle un trago después,
barnizarme el cuerpo con los restos de tu rostro deformado,
ducharme con una lija del seis
y ver cómo desapareces por el desagüe.

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