Cuando una de las acepciones del cinismo se torna tan real que hasta resulta divertida, cerramos las puertas corredizas intentando que nada nos sorprenda por una rendija. Pero todo, absolutamente todo, tiene cabida en aquello que escapa a nuestra vista.
Yo sólo quiero lo que es mío, y lo reclamo desde esta habitación, que no es la mía, ubicada en un piso en el que jamás había estado y al que no creo que vuelva, propiedad de alguien que no estoy muy segura de conocer.
Pronto empezará la película, se apagarán las luces y mi vida recuperará el sentido. Acurrucaremos los ojos buscando imágenes tras la cortina de humo, y alguien me buscará por entre las rendijas del sofá. Duele que no seas tú, pero más dolería que no fuera nadie. Aquí cada uno busca la manera más segura de salvar su culo, y aunque realmente no es lo que deseo, hoy es lo que toca.
Llevo bien seguro el vodka en el liguero, y he afilado los aros de mi sujetador antes de salir de casa. No quisiera tener que matar a alguien, pero girar sobre el propio eje acaba por incitar al homicidio.
Estoy recogiendo firmas para suprimir la frase "lo bueno, si breve, dos veces bueno". Las abuelas mienten como veinteañeras, y nosotros, como veinteañeros, nos lo creemos todo, aunque sólo aparentemos 18.
Ya me han hecho sitio en un lugar donde no estás, y yo voy a ir despejando la entrada por la que realmente nunca quisiste pasar. Me voy, tengo que irme, y poner punto final a las que han sido las mejores fallas de mi vida.
Seguiré buscándote por los rincones... durante dos días más.
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Prendiendo fuego
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