Has pasado por mi vida sin pena ni gloria, y jamás nos volveremos a ver. Quince días compartidos, quince. Quince risas, y dos quejidos, que duran lo que dura una canción.
Me arrepentí en sueños por no haber sabido aprovechar el momento, pero seguía siendo tarde. Soy una mujer, tu tarea era actuar. Al final yo fumé Lucky, y tú debes reconocer que el Fortuna no está tan mal.
No pudiste destronarme, la silla con reposabrazos es mía y lo sabes. No tocaste más que lo que te dejé tocar, y pasaste los días bambando con un gesto que yo no supe interpretar.
Siempre serás un buen cantante, antisocial e inadaptado, un punky retirado disfrazado de Antonio Carmona, pero no voy a dejarme preñar. Mis ganas de vivir y tu apatía hubiesen sido incompatibles... o tal vez no. Ahora mismo, eso ya da igual, porque nunca jamás nos volveremos a ver.
Aún así yo guardo la esperanza de que le eches cojones y me des una sorpresa, pero sólo es eso, una esperanza. Los próximos tres meses no serán lo mismo sin nuestro cigarro de las ocho de la mañana. Voy a echarte mucho de menos.
Me queda el consuelo de una dulce despedida, de mi última caricia en tu barbilla. Espero que el resto de tu vida sea como esperas, y que me recuerdes de vez en cuando. Has sido el mejor desengaño de mi vida, y nunca, nunca, nos volveremos a ver.
Esto va por ti, chiquito al que nadie quiere. Una parte de ti estará siempre conmigo, o quizás te olvide mañana. Cuídate, Toni, sea donde coño sea que estés.
(Y no olvides nunca que en cualquier momento Burjassot puede declararle la guerra a Xàtiva)
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