La mayoría de los propósitos que me planteo desembocan en la toma de medidas extremas, y este caso no iba a ser una excepción. Quizás, a muchos la desesperación os lleve a inspirar hasta los pies; yo, sin embargo, me limito a hacer el bestia, y es que durante mi gestación se olvidaron de otorgarme el don de la paciencia.
Vivir gruñendo como un toro bravo no está mal del todo. Me voy a suicidar, buenas tardes.
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