Y de repente, te permites el lujo de irrumpir en mi vida, sacudiendo de derecha a izquierda mi cintura, colocando tu mano en la parte occipital de mi cabeza e inclinando mi cuello hacia delante.
Yo, haciendo alarde de mi profundo afán por tropezar diez mil catorce veces con la misma piedra, me limito a abrirte la puerta sin poner a penas resistencia, desmayándome con la tercera palabra bonita que me dices. Y todo es mentira, porque sabes tan bien como yo, que volverás a marcharte cuando yo empiece a mostrar interés.
Y por eso me callo, y me arranco las manos a bocados para no llamarte, e introduzco alfileres en mis oídos para perder el equilibrio y no recorrer el camino a tu casa, cuando lo único que quiero realmente es ponerte el coño en la cara.
Pero preferiría hacerme el hara-kiri que volver a ser tu marioneta, una vez ya es demasiado, sólo necesito que comprendas que en ningún momento he dejado de ser una princesa; y el único consuelo que me queda es tener en mi cabeza que aunque en tu boca entren otras lenguas, de algún modo, siempre serás mío.
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2 comentarios:
"Y por eso me callo, y me arranco las manos a bocados para no llamarte, e introduzco alfileres en mis oídos para perder el equilibrio y no recorrer el camino a tu casa, cuando lo único que quiero realmente es ponerte el coño en la cara."
Jajaja... ponle el coño en su boca y verás como al final es él quien se calla. Y cuando se lo quites, como un niño llorará porque le falta su chupete.
que pedazo de texto....carajo
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