jueves, 25 de octubre de 2012
La lista de aquella que algún día tendrá un yate y una gorra de capitán.
domingo, 8 de abril de 2012
El fin del mundo animal.
Yo tampoco estaba, porque tú no estabas y porque yo ya no soy yo. No quiero entrar en crisis existenciales, que me hago líos, lo dejaré más bien en un desorden de identidad. No soy yo porque tengo el pelo largo y otras cosas que están ahí y no deberían estar. Porque no bebo. No bebo tanto, y si no bebo, a veces, no me encuentro. Y tengo que relacionarme con gente extraña, que no me cae mal, pero no me acaba de gustar.
Ella sí estaba, y aunque no estabas tú, que estuviera ella te hacía estar presente, porque ella también me mira, como me miras tú cuando sí estás. Me analiza, de lejos, me odia. Al menos me gusta pensar que me odia y se ríe de mí. Yo también la miro a ella, pero menos. Prefiero que ella me mire a mí, con asco. Eso me hace sentir bien.
Quizás ella no me mira y me imagino que sí lo hace porque me gustaría que fuese así. En cualquier caso, voy a seguir pensando que sí lo hace.
Aquella noche, hace años, el aire se volvió tan denso que me pesaban los brazos al bailar. De verdad, era tan denso como la sensación que se debe tener al intentar morder el poniente. No sé si tú y tus alrededores lo percibisteis así. Los míos y yo, nos desmayamos, y nos quedamos flotando sobre el aire denso.
A partir de ahí no sé qué me paso. Hacía cosas raras, que en realidad no eran tan raras porque al fin y al cabo, soy yo, y me conozco, y sé que he hecho esas cosas más veces y con más gente, pero creo que realmente se me fue mucho la cabeza, y si pudiera volver atrás y verme por un agujerito, me cogería por el cuello y me daría muchas hostias.
Tú también hiciste cosas. No diré que fueran denigrantes, porque eres muy sensible con ese tipo de críticas, y no quisiera que endurecieras más tu comportamiento para dejar patente que aquí quien manda eres tú. Así que sólo diré que fueron den-igrantes. A mí esas cosas, en el fondo me gustaban. Y en la superficie también.
Ahora ya no hay cosas raras, ni cosas normales. Ahora ya no hay cosas y supongo que eso está bien y que ya era hora, cojones. Pero ahora todo es mucho más aburrido, y eso no me lo puedes negar.
Yo estoy intentado cambiar, para volver a ser como era antes. Con el cerebro bastante más estropeado, pero más entretenida.
domingo, 29 de mayo de 2011
La auténtica historia de amor definitiva.
Recuerdo el día
en que te conocí.
Grité al verte,
te abracé,
y seguí cenando.
Yo iba vestida
con una falda de tul,
y tú
la rompiste.
Aún conservo
esa falda de tul,
aunque ya no quede tul,
y ahora
creo
que nunca
podré deshacerme de ella,
porque es la que llevaba el día
que nos conocimos.
Después
me mordiste la nariz,
y cuando desparecí,
llamaste a mi puerta.
Yo siempre te abría la puerta,
todas las veces que llamaste
a mi puerta
yo abrí.
Nunca supe
decirte
que no.
Recuerdo
el día en que tuve la sensación
de que había pasado algunos años
sin ser
completamente consciente
de que existías,
de que estabas ahí, a mí lado.
Quizás
es porque tardé años
en aprender
cómo te gustaba
que te acariciaran.
Puedo contar con los dedos de las manos
las veces que me besaste.
Tú no eras de esos,
de esos
que van besando a la gente
indiscriminadamente.
Tú preferías,
que te quisieran.
Y yo
te quería,
aunque no siempre me demostrases
que te alegrabas de verme
cuando llegaba a casa,
aunque tú pusieses las normas
y tuviese que cumplirlas
por tus cojones.
Yo te quería así,
te quiero,
tal como eras.
Podía haber pasado
la vida entera,
o gran parte de ella,
sólo mirándote,
oliéndote,
abrazándote,
besándote.
Yo sí te besaba,
en la cabeza,
en el abdomen y en la boca.
Tú,
a veces,
me girabas la cara,
pero no me importaba,
yo
seguía besándote.
Y hablaba contigo,
y tú
probablemente
no entendiste ni una puta sola vez
lo que te dije,
de hecho,
no me contestaste
jamás,
pero yo igual te hablaba.
Te hablaba
como hablan
los idiotas,
los que están enamorados.
Recuerdo cómo pasabas horas mirando por la ventana, y cómo me gustaba que lo hicieras. Recuerdo cómo te quejabas por todo, por el ladrido de las perras de la vecina, porque yo saliera de mi habitación e hiciera ruido al abrir la puerta, porque no te gustaba la comida, porque el cartero tocara al timbre, porque cuando paseábamos no fuéramos por el camino que tú querías, y recuerdo, que aunque a veces te gritaba y me jodía tu actitud, todo eso me encantaba, porque es lo que te hacía especial.
Y ahora parece que te mueres. Eso se rumorea, que te mueres. Que te vas a morir y me vas a dejar sola, y te mataría por ello. Y me siento culpable, culpable por saber que eres insustituible, pero que yo ya estoy pensando en que alguien tiene que ocupar tu lugar. Y miro por la calle, y busco, y veo potenciales candidatos, pero como tú, joder, como tú no hay dos, y no quiero que te mueras, quiero que estés siempre conmigo. Por favor, quédate conmigo, y nos tiraremos en la cama, y jugaremos, como hacíamos antes, y te dejaré que me muerdas y me arañes.
No me dejes sola, no lo hagas, porque si lo haces seguiré escuchando tus pasos por el pasillo aunque no estés, y la gente dirá que estoy loca. Y llegar a casa no tendrá ni puta gracia porque tú no estarás, y no podré volver a reírme del nombre tan horrible y ridículo que tienes, y tendré que seguir hablando de ti en pasado. Y cada vez que me ría, cada vez que me ría estaré llorando por dentro porque pensaré que alguna vez estuviste y ya no estás.
Joder, al final te has muerto, y ahora no estás conmigo, estás en un congelador, esperando a que te quemen, y jamás, jamás, volveré a verte, ni a olerte, y llegar a casa es tan horrible como imaginaba, porque ya no estás, y cenar es tan horrible como imaginaba, porque no estás, y respirar es tan jodidamente horrible como imaginaba, porque no estás, y porque sé que no volverás.
Te amo, Taffy, te amo más de lo que podía imaginar que te amaba. Ojalá exista el cielo de los perros y tú seas la jefa de la manada, porque no puedo imaginarte de otro modo que no sea con el universo a tus pies. Te amo, Taffy, te amo.
Dicen que Dios es la suma bondad, el sumo amor... y una mierda... esa eras tú.
domingo, 20 de marzo de 2011
4 millones de versiones y otras tantas razones.
martes, 1 de febrero de 2011
Esto empieza a adquirir el cariz de una sesión de espiritismo.
No miro ni hago nada. Sólo estoy. Inerte. No me lo puedo creer. Y me río, porque no me lo puedo creer. Qué columpiazo. Me tiré por el tobogán antes de que dieran la señal, y gané, pero me dio vergüenza. Tú ya no te acuerdas de eso. Ahora escribo y no entendéis de lo que estoy hablando. Como cuando era joven. Un día, siendo joven, empecé a escribir para que se entendiera, y todo empezó a ser más bonito.
Un día, con catorce, quince o dieciséis años, empecé a escribir en una libreta, y años después la encontré. No quería leerla, me daba vergüenza, y la tengo encima del escritorio desde entonces, esperando a que llegara el día en que quisiera leerla. Pues bien, el día ha llegado, porque el día de volver a escribir, también ha llegado. Y no siento pena, sólo estoy flipando.
“Soy la onanista de espinas de rosas que sangran. La mano me marcan, la lengua me abrasan. Las llagas no se curan, se quedan grabadas. Voy a morder la espina, que ahora es roja. Voy a morderla para envenenarme, para no despertarme. Siempre seguiré callada.”
Yo escribía bazofia como esa. Bazofia que sería incapaz de leer de la mano de otra persona. Escribía mierdas trágicas sobre un chico de mi instituto del que estaba muy enamorada, pero mucho. De hecho estuve pensando mucho tiempo que nadie podría sustituirle, hasta que un día, alguien le sustituyó. Y de ese chico, del que estuve tanto tiempo enamorada, sólo me queda un recuerdo raro, y un profundo respeto, porque al fin y al cabo, es mejor que un buen chaval. Lo que quiero decir, es que ya no le quiero. Le quería muchísimo, le quería rozando la locura, estaba muy obsesionada con él, pero ahora, miro atrás, y no soy capaz de pensar algo sobre él que me encoja el estómago.
Soy bastante trágica. Mi vida es un drama. No sé si es porque realmente es un drama, o porque yo la hago un drama. La cuestión es que es un drama, un drama que da risa. Es una tragicomedia.
Hace una hora me he tomado un café. No debería haberlo hecho. La cafeína nunca me había hecho efecto. Podía beberme un red bull e irme a dormir. Nunca me hizo efecto, hasta que un día, al parecer, me empezó a hacer efecto. Un día de mi vida, no recuerdo cuándo fue, al parecer, las cosas empezaron a cambiar. Y lo que era, dejó de ser, y lo que no era, empezó a ser. Fue un cambio lento. No sé cómo no pude darme cuenta de que las cosas estaban cambiando. Quizás sí me di cuenta, pero no me importó. Ahora sí me importa. Pero en fin, siempre es tarde cuando se llora.
Hace muchas noches que me acuesto a dormir y pienso “ojalá ya fuera de día y no tuviera que dormir”. Lo pienso casi todas las noches, desde hace bastante tiempo. Eso es algo que no sabía nadie, ahora lo sabéis todos. No quiero acostarme, porque pienso, y prefiero no pensar. Pienso todo el día. Cuando veo películas o leo libros, después me cuesta mucho recordar el argumento, porque mientras las veo o leo, estoy pensando. No pienso en nada en concreto, pienso en todo en general, que es peor. Cuando piensas en algo en concreto, llega un momento en el que ya no puedes pensar más sobre el tema, porque o bien ya lo has pensado todo, o bien no se te ocurre nada más que pensar. Cuando piensas en muchas cosas, como yo, es horrible.
En mi casa hay un bote con cigarros. El otro día cogí un par, y vi que en el bote había uno que tenía el filtro defectuoso, y pensé “ese es el del cáncer”. Unos días después, cogí un par de cigarros a oscuras, y uno de ellos era el del filtro defectuoso. Pues bien, tengo ese cigarro desde hace tres días encima del escritorio, y no me lo fumo, “por si es el del cáncer”. Es ridículo. Yo no soy supersticiosa, aunque sí maniática, ni creo en el horóscopo por mucho que ahora haya salido un nuevo signo del zodíaco to’ guapo que se llama Ofiuco. Me encantaría ser Ofiuco. ¿Qué signo eres? Ofiuco. Es genial. El cigarro del cáncer me está mirando, creo que debería tirarlo.
Total, que bien. He dicho que soy maniática, pero la mayoría de vosotros, pobres mortales, no sabéis en realidad lo que es una manía. Yo me refiero a que soy maniática en el sentido en el que todos nos referimos a los maniáticos, pero la manía, queridos estúpidos, es una fase por la que pasa la gente bipolar. Os lo explico:
- Fases del trastorno bipolar:
1) Manía: el individuo tiene un pensamiento ideofugaz (le vienen mil ideas a la cabeza, piensa rapidísimo en muchas cosas distintas). Está exaltado a todas horas, como si se hubiera comido mil pastillas, a penas duerme, de hecho hay algunos que ni siquiera duermen. Tiene una autoestima muy alta, se ama. Tiene también mayor impulso sexual, y verborrea (habla como un descosido), entre otras cosas.
Digamos, que es como uno de esos días, en que os levantáis, os miráis al espejo, os moláis, y lo dais todo. Pero ahora extrapolarlo hasta el infinito y multiplicarlo por mil millones de veces. Creo que por mucho que lo intentéis no seríais capaces de imaginar realmente lo que es una fase de manía de un trastorno bipolar.
2) Depresión: Bueno, todos sabéis lo que es una depresión, la complejidad en el caso del trastorno bipolar viene dada porque, al salir de una fase de manía, el individuo tiene un alto nivel de tendencias suicidas.
El trastorno bipolar suele tratarse con litio.
Ahora que ya me las he dado de lista y he insultado a vuestra inteligencia, voy a pensar algo más sobre lo que poder escribir.
Los que hayáis leído hasta aquí tenéis bastante mérito, yo no me hubiera leído un texto tan largo con una letra tan pequeña. Aunque creo que hace tanto que dejé de escribir que esto ya no lo lee nadie. Así que puedo decir alegremente sin que nadie se ofenda SOIS TODOS UNOS HIJOS DE
A pesar de que esto ya no lo lee nadie, iba a escribir una cosa sobre mí, y no la he escrito por si acaso lo lee alguien. No sé si comerme una tabletita de diacepanes o qué. Ojalá fuera ya el día siguiente y no tuviera que dormir. Dormir debajo de la mesa fuera cómodo. Ojalá pudiera dormir en un iglú, o debajo de las sábanas sin que me rebotara la respiración. Quiero meterme en un sitio que tenga el techo bajo, para sentirme resguardada, como hacen los perros cuando tienen miedo. Ojalá estuviera a dos mil millones de jodidas millas de aquí.
Este fin de semana me lo voy a beber todo. Y cuando llegué a casa arrastrándome por el suelo lloraré por no tener ganas de llorar. Vomitaré en el ascensor, otra vez. SÍ, VECINOS, FUI YO QUIEN VOMITÓ EN EL ASCENSOR. Y al día siguiente será todo tan horrible. No veo el momento de que llegue.
Yo me apunté a kárate, fui a dos o tres clases, y no sé nada de kárate. También a dibujo y pintura (tres veces me apunté, en tres sitios distintos), pero no sé pintar, ni siquiera acabé un solo cuadro. A gimnasia rítmica. He sido fallera. He hecho teatro. También informática, pero de informática sólo sé desadmitir en el Messenger. A clases de guitarra (dos clases). A clases de física y matemáticas (dos clases, puede que tres). Me apunté de voluntaria en una ONG (sólo fui una vez). Un día aprendí francés, pero ya se me ha olvidado. Quedé con mis ex compañeros de trabajo, y no fui. Les dije a mis amigos que iría a verlos a Tenerife, y no he ido. Organicé un viaje a Moscú, y no creo que lo haga. El traumatólogo, cuando era pequeña, me dijo que para curarme los pies planos tenía que caminar por la arena de la playa, andar de puntillas por el pasillo, y coger rotuladores con los dedos de los pies. Obviamente, no lo hice, y sigo teniendo los pies planos. Hubo un tiempo en que pensé que era buena idea ponerme crema antiarrugas dos veces, una por la mañana, y otra por la noche, lo hice durante cuatro días. Decidí reducir mi consumo de tabaco, aguanté cinco días. A penas iba a catequesis. Ni a clase en bachillerato.
Recuerdo que con 13 años, a mis amigas y a mí nos pareció una buena idea apadrinar a un niño. Noelia no estaba de acuerdo, porque pensaba que nos iban a mandar al niño en una caja y que deberíamos tenerlo una semana cada una en su casa. Cuando le explicamos que no consistía en eso, también le pareció buena idea apadrinarlo. Ojalá no le hubiera parecido buena idea.
Llamamos a
No sé qué pasó, quiero pensar que hubo un fallo de logística, pero sólo pagamos la cuota unos tres meses. Quiero pensar que hubo un fallo de logística, pero lo que probablemente pasó es que nos dio pereza juntar el dinero cada mes e ingresarlo en el banco. Quiero pensar que hubo un fallo de logística, y aunque recuerdo que al menos éramos cinco apadrinando, por dentro siempre he pensado que la responsable fui yo. Supongo que porque la idea era mía.
Tiempo después
Iba a contaros otra historia de mi infancia, pero como tengo que hablar mal de la familia de compañeros del colegio, he preferido no hacerlo. Y vosotros diréis “pues si no lo vas a contar, para qué dices nada? Ahora nos dejas con la mierda en la boca”. Os jodéis, total, ya nadie lee esto. Y vosotros diréis “y si ya nadie lo lee, por qué no nos cuentas la historia?” Pues por si acaso.
No sé qué más contaros. Puedo cantar si queréis. Vasos rotos, ceniza, consumir, sofá polvo, nosequé moscas, otro día gris, no sé que pinto aquí… Nada, no me gusta la idea.
Quizás debería dejar de escribir, porque si sigo haciéndolo mañana no tendré nada que decir. Ojalá no tuviera que dormir y ya fuera mañana.
lunes, 27 de diciembre de 2010
No he encontrado respuestas.
Y qué pasa hoy, si todo se da la vuelta, ¿y qué pasará mañana? Que todo el mundo se ha puesto de acuerdo, y tengo taquicardia. Nada es como era ayer, y puede, puede que de repente me haya puesto a llorar y no lo entiendo. Quizás mañana me corte el pelo, y eso no es bueno. Y sí, creo que lo haré. Creo que mañana me cortaré el pelo y comeré ternera y saldré a beber, y no, no voy a dejar de fumar, ni de coña. Beberé mucho, beberé demasiado, y no volveré a comer. Nunca más volveré a comer. Ya no quiero ternera.
Aquí pasa algo raro. No sé si es aquí, o allí, o quizás en todas partes, pero pasa algo muy muy raro. No sé si será la Navidad, o si es que queda poco para el fin del mundo, o si es que todo estaba yendo demasiado bien y eso no podía ser. Jaja, ¿Cómo cojones iba a poder ser? Era imposible.
No sé por qué sigo llorando. No quiero decir que no tiene sentido llorar, sino que de verdad, de verdad, no sé por qué estoy llorando. Sólo quiero que sea mañana, y a tomar por culo. A tomar por culo todo. Es que me cago en Dios, así reviente el mundo. A tomar por culo.
Voy a fumarme todos los cigarros, y a hacerme un piercing. Sí, me haré un piercing, y me cortaré el pelo, y luego, después de hacer todo eso, vomitaré. Estoy temblando, pero sólo es de frío. Ya no estoy llorando. Qué bien.
Sigo fumando, y le cuento a un amigo qué me pasa. Sí, se lo cuento a él, porque él está, y tú no. Tú no estás, no puedo hablar contigo, pero con él sí. ¿A qué jode? Pues así revientes. Y me duele, me duele decirte que revientes, y nunca me había dolido decírselo a nadie, y decírtelo a ti sí me duele, y me duele decírtelo por ti. Pero también me duele que me duela decírtelo, y en este caso me duele por mí, porque nunca antes me había dolido decírselo a nadie, porque nunca me había dolido hacerle daño a alguien, y a ti no quiero hacerte daño. Y me jode. Pues a ver si reviento.
Creo que no me voy a hacer el piercing. Qué día tan raro. Qué día tan bueno para quemar contenedores. Qué magnífico día. Ha sido un día muy raro, el día de hoy. Eso de “no hay mal que por bien no venga” es una puta y grandísima mierda. Los males son malos, y fin, y no hay más. ¿O no? O igual no y me estoy flipando muchísimo con cosas buenas que pueden venir, pero que inevitablemente acabarán siendo malas sí o sí, pero que durante un periodo de tiempo serán buenas, y entonces pensaré “no hay mal que por bien no venga”. Y cuando esas cosas buenas que salgan de un mal se conviertan en malas, volveré a pensar que los males son malos y fin, hasta que vuelva a venir algo bueno, y así sucesivamente, en una espiral infinita de satisfacciones e insatisfacciones, que lo único que han conseguido es que de repente, ya no quiera llegar a vieja, ni tener una casa, ni un marido, ni unos hijos, ni mierdas, ni siquiera quiero tener perro porque no quiero ninguna responsabilidad. De repente ya no quiero nada de lo que había decidido que quería, de repente vuelvo a ser yo, la que era hace unos años, y quiero irme lejos, o Madrid, lo que sea más fácil, y quiero irme sola, y hacer amigos. La única diferencia es que ahora soy más vieja pero, no obstante, igual de gilipollas.
Creo que me he quedado sin cosas que decir.
¿...y si no regreso jamás y este ruido no cesa...?
lunes, 30 de agosto de 2010
El enfermo imaginario.
Yo siempre he querido ser inmortal, y por eso, cuando pienso que quizás puedo morir antes de lo que debería... en fin, creo que ni siquiera tengo palabras. Sólo te echaré de menos. Entre otras cosas.
Supongo que ha llegado el momento de toda película americana de sobremesa, o de serie ñoña e infumable, de esas que me encantan, en la que alguien le dice a otro alguien "?Es tu vida como la imaginabas?", solo que esta vez, soy yo la que pregunta, y yo la que debo responder.
Pues no, lo cierto es que no, lo cierto es que mi vida no se parece ni remotamente a lo que yo pensaba que sería. Yo ya debería haber vivido un par de años en Londres, y ahora mismo estaría en Madrid, con un piso en Lavapiés... o quizás en un sitio más llano, la cuestión es que yo ya no debería estar aquí, pero realmente, lo único que voy a hacer en mi vida, es estar aquí. Al igual que tú, y al igual que todos. Sólo espero no morir antes de tiempo. Sólo espero, de verdad, no morir.
Yo quiero tener siempre 19 años, y mierda, que jodido es asimilar que no puede ser.
Cuando piensas que vas a morir antes de tiempo, no sabes en qué pensar. Simplemente me esconderé, e intentaré atar un par de cabos, sin parar de llorar.
